Me ha gustado ser parte de tu vida.
Más me habría gustado ser parte de tus noches,
y compartir contigo tus manías.
Me gustaría que me besaras en el …
Me han gustado todos tus detalles.
Hasta he pensado en la forma tonta en que dirías
que como tú no iba a quererme nadie,
por que como yo, nadie te entendería.
Porque aún me tiembla el pulso si te veo.
Y yo sigo aquí durmiendo solo.
Porque aún me duele ese vacío que dejas
en todos mis amaneceres de largas horas.
Del amigo, amor, al amante, amor,
se creció el amor que me consumió.
Y no he querido declarar la guerra a quien nos separaba.
Y te pido aún que me perdones
por fallarte cuando no debía,
por no haber podido estar en fechas señaladas,
por marcharme sin decir nada cuando tanto te amaba.
Frente a frente separados y rotos sin remedio,
te sigo viendo más guapo que hace días.
Mira, yo no quiero equivocarme,
tampoco seguir con mi mentira, mi ilusión, mi fantasía.
Porque aún me tiembla el pulso si te veo.
Y yo sigo aquí durmiendo solo.
Porque aún me duele ese vacío que dejas
en todos mis amaneceres de largas horas.
Del amigo, amor, al amante, amor,
se creció el amor que me consumió.
Y no he querido declarar la guerra a quien nos separaba.
Porque aún me tiembla el pulso si te veo.
Y yo sigo aquí durmiendo solo.
Porque aún me duele ese vacío que dejas
en todos mis amaneceres de largas horas.
Del amigo, amor, al amante, amor,
se creció el amor que me consumió.
Y no he querido declarar la guerra a quien nos separaba.
Estos versos son mi versión arreglada en positivo de una bonita canción de Vanesa Martín. Una voz que he descubierto hace poco, cuyas letras me llegan y me hablan de sensaciones que comparto, incluso me provoca el sentirme protagonista de esos versos. Quizás sea una de las formas de decir “adiós” más hermosas que he oído nunca. Sólo que nunca aprendí ni me enseñaron a hacerlo, y yo ni sé ni quiero decir “adiós” a nada de lo bueno que me sucede, aunque me duela. Cada quién es cada cual y viceversa.
A los que piensan que ando raro últimamente, les diré que tienen razón en esto y en lo que intuyen. No me avergüenza sentir las cosas que siento aunque alternen dicha y dolor por la ausencia. No temo a lo que venga, temo más a lo que no dejamos que venga. No temo a vivir ni a sentir, temo más a dejarme arrastrar y a medrar en la vida.
¿Miedo? Sí, también tengo temor a lo desconocido y al vacío. Sólo que hace tiempo aprendí que ese miedo a lo nuevo no me iba a frenar ni el deseo ni la expectativa de “sentirme vivo”. No me voy a limitar a lamentarme ni a pasearme como un armario de hielo que ni siquiera sabe qué conserva. Ni podré ni querré cambiar determinadas cosas porque prefiero dejar que campee el libre albedrío. Solo así debe llegar lo bueno y lo hermoso a nuestras vidas: con ganas y libre, por voluntad sincera. Puede que me equivoque en mis planteamientos, pero esto es lo que pienso y esto es lo que creo: sólo es cuestión de principios. Siempre que la vida llegue fluyendo, con generosidad, sentiré que he vivido.
Más me habría gustado ser parte de tus noches,
y compartir contigo tus manías.
Me gustaría que me besaras en el …
Me han gustado todos tus detalles.
Hasta he pensado en la forma tonta en que dirías
que como tú no iba a quererme nadie,
por que como yo, nadie te entendería.
Porque aún me tiembla el pulso si te veo.
Y yo sigo aquí durmiendo solo.
Porque aún me duele ese vacío que dejas
en todos mis amaneceres de largas horas.
Del amigo, amor, al amante, amor,
se creció el amor que me consumió.
Y no he querido declarar la guerra a quien nos separaba.
Y te pido aún que me perdones
por fallarte cuando no debía,
por no haber podido estar en fechas señaladas,
por marcharme sin decir nada cuando tanto te amaba.
Frente a frente separados y rotos sin remedio,
te sigo viendo más guapo que hace días.
Mira, yo no quiero equivocarme,
tampoco seguir con mi mentira, mi ilusión, mi fantasía.
Porque aún me tiembla el pulso si te veo.
Y yo sigo aquí durmiendo solo.
Porque aún me duele ese vacío que dejas
en todos mis amaneceres de largas horas.
Del amigo, amor, al amante, amor,
se creció el amor que me consumió.
Y no he querido declarar la guerra a quien nos separaba.
Porque aún me tiembla el pulso si te veo.
Y yo sigo aquí durmiendo solo.
Porque aún me duele ese vacío que dejas
en todos mis amaneceres de largas horas.
Del amigo, amor, al amante, amor,
se creció el amor que me consumió.
Y no he querido declarar la guerra a quien nos separaba.
Estos versos son mi versión arreglada en positivo de una bonita canción de Vanesa Martín. Una voz que he descubierto hace poco, cuyas letras me llegan y me hablan de sensaciones que comparto, incluso me provoca el sentirme protagonista de esos versos. Quizás sea una de las formas de decir “adiós” más hermosas que he oído nunca. Sólo que nunca aprendí ni me enseñaron a hacerlo, y yo ni sé ni quiero decir “adiós” a nada de lo bueno que me sucede, aunque me duela. Cada quién es cada cual y viceversa.
A los que piensan que ando raro últimamente, les diré que tienen razón en esto y en lo que intuyen. No me avergüenza sentir las cosas que siento aunque alternen dicha y dolor por la ausencia. No temo a lo que venga, temo más a lo que no dejamos que venga. No temo a vivir ni a sentir, temo más a dejarme arrastrar y a medrar en la vida.
¿Miedo? Sí, también tengo temor a lo desconocido y al vacío. Sólo que hace tiempo aprendí que ese miedo a lo nuevo no me iba a frenar ni el deseo ni la expectativa de “sentirme vivo”. No me voy a limitar a lamentarme ni a pasearme como un armario de hielo que ni siquiera sabe qué conserva. Ni podré ni querré cambiar determinadas cosas porque prefiero dejar que campee el libre albedrío. Solo así debe llegar lo bueno y lo hermoso a nuestras vidas: con ganas y libre, por voluntad sincera. Puede que me equivoque en mis planteamientos, pero esto es lo que pienso y esto es lo que creo: sólo es cuestión de principios. Siempre que la vida llegue fluyendo, con generosidad, sentiré que he vivido.

Amor, que lo que agrada considera
en ajeno poder, su amor declara;
que como la color sale a la cara,
sale a la lengua lo que al alma altera.
No digo más, porque lo más ofendo
desde lo menos, si es que desmerezco
porque del ser dichoso me defiendo.
Esto que entiendo solamente ofrezco;
que lo que no merezco no lo entiendo,
por no dar a entender que lo merezco ».
(El perro del hortelano, Acto I, Lope de Vega)
(El perro del hortelano, Acto I, Lope de Vega)
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(Pinturas del pintor Juan Martínez)