jueves, 8 de marzo de 2007

Eclipses de luna

Esta madrugada del 7 de marzo de 2027, ha tenido lugar un eclipse total de luna, con la magia que los amantes o crédulos del esoterismo otorgan a este acontecimiento astrológico. Hace algo más de 22 años que no se producía este hecho. Aún recuerdo que tuve la oportunidad de ver el anterior eclipse y, desde entonces, no he podido olvidar ni desacostumbrarme de un sentimiento de nostalgia que ha formado parte de mí estos largos cuatro lustros.

Tengo 60 años, un trabajo cómodo y una vida cómoda. Sin altibajos ni sorpresas. Pero me encuentro sólo. Amores y pasiones pasajeras no me han faltado a lo largo de estos años. Por todas ellas siempre pasé de puntillas. Lo cierto es que me encuentro tan vacío y sólo como lo hice siem
pre.

Quizás vivo lo que he querido sentir y disfrutar. Aunque en mis adentros siempre he tenido la sensación de dejarme llevar por las necesidades de los otros y aparcar mis verdaderos deseos y sentimientos. Supongo que mucha gente está hecha de la misma masa que yo. He intentado no herir ni hacer daño a nadie, pero no lo he conseguido. No es que pretendiera ser mejor que nadie, sino más bien por egoísmo propio. Por no tener remordimientos ni pesares de ningún tipo. Seguro que tengo más enemigos de los que me he buscado y seguro que muchos de ellos se deben a la falta de voluntad por aclarar determinadas cosas. Reconozco que nada de eso fue premeditado. Solo fueron circunstancias poco afortunadas en las que me ví envuelto. Posiblemente pude hacer algo para remediar las tensiones o diferencias y no supe verlo. No tengo costumbre de culpar a nadie de lo que ni yo mismo acerté a ver o corregir.

Lo que más me subyuga y aturde es tener constancia de que muchas de las cosas buenas que pude vivir, no las viví por malentendidas cuestiones de orgullo y una pública soberbia, que realmente enmascaraba la ridícula timidez que ha condicionado todos mis actos. Quizás los que me han conocido se han hecho un retrato equivocado de mi forma de ser, pero tampoco les puedo culpar porque ellos han visto sólo lo que yo quise que vieran. Nunca entenderé porqué nos parapetamos detrás de una falsa coraza intentando protegernos de todo, incluso de aquello de lo que no necesitamos protección, sino más bien un empujón. Ese ha sido mi caso, como el de muchas otras personas con las que he compartido, aunque sólo haya sido un mismo espacio físico, sin siquiera conocerlas.

Nos vamos rodeando de cosas y pensamientos que nos provocan cierto bienestar momentáneo, como la droga que calma los escalofríos y calambres. Pero siempre dejamos de lado aquello que más necesitamos o es más importante. Nos suele faltar tiempo para expresar el cariño, la amistad o el amor. Siempre dije que haría lo posible por no cantar aquello de “no quiero arrepentirme yo después, de lo que pudo haber sido y no fue….”, pero no es cierto. Han tenido que pasar más de 20 años para que deba reconocer que sí lo he cantado durante todo este tiempo y que no hice cuanto pude por evitarlo. Muchas veces, en mi silencio, he tarareado estrofas como “quiero dormir cansado para no pensar en ti, quiero dormir profundamente…” o aquello de “porque este terco corazón no te olvida…”. Durante estos años sólo he tenido compañeros sin mucha huella y compañías del momento. No he encontrado la magia que me embriagara y sometiese mi rebeldía. Me he limitado a pasar de puntillas por casi todas las cosas, sin querer hacer ruido y sin querer dejar ningún tipo de huella en nada ni en nadie.

Ni quiero ni pretendo arrepentirme de nada, porque todo lo que viví tuvo su poco o mucho eco y me sirvió para conocer que estaba viviendo. Eso no quiere decir que no me embargue el hastío por haber dejado pasar cosas, que realmente quise que se detuvieran en mí. Tuve grandes oportunidades de ser feliz con una persona tan sencillamente especial que nunca pude conocer a otra que me hiciera olvidar su estigma. No le culpo por haberse marchado. Fui yo quien le dejó ir, aún sabiendo q
ue me entregaba lo mejor y que sólo estaba esperando un gesto, una palabra de verdad de mis labios, para quedarse junto a mí. Reconozco que he sido cobarde y me he merecido tener la vida que he tenido. Pudo ser tan fácil y tan simple ser feliz, que lo desprecié. Preferí quedarme con lo que estaba agotado, que terminó desapareciendo como una pavesa encarnada que se lleva el viento. Pocas veces he vuelto a tener noticias suyas. Sé que se limitó a vivir lo que el tiempo le regaló y también sé que nunca se sintió feliz. Fuimos como dos almas gemelas que se encontraron, se entregaron y casi se destruyeron. Almas que desde entonces han vagado sin rumbo, perdidas y sin remedio.

Me hubiera gustado haber tenido una segunda oportunidad y poder volver en el tiempo. Quisiera reescribir mi historia y evitar cometer algunos errores. La tecnología todavía no ha avanzado lo suficiente como para desintegrarnos en minúsculas partículas que poder transportar en el tiempo, que con fuerza propia puedan recomponerse en otro tiempo y lugar. De ser así, seguramente dejaría que muchas cosas ocurrieran como han ocurrido; pero no habría dejado pasar la única oportunidad que he tenido de intentar compartir de verdad y ser feliz. No sé hasta donde habríamos podido llegar, pero sé que habría merecido la pena intentarlo y dejarnos llevar por el tiempo. Incluso, aunque la tediosa costumbre nos hubiera llevado al abandono y al fin de la historia; siempre conservaría el buen sabor de boca de haber vivido una pasión que pocas personas tienen oportunidad de disfrutar.
(...) To be continued
Sebastián Bermúdez Hormigo

No hay comentarios: