miércoles, 31 de enero de 2007

Eran otros tiempos.....




<…Ayúdala… Pon un sol en su ventana.
Júrale que, antes que ella,
el placer sólo era una trampa.
Haz que brillen sus mejillas y miéntele cuando le hables.
Ya no tiene 20 años, aunque hablando los parezca.
Sus ojeras maquilladas son azules como el alba.
Y jamás dejes de amarla y en su mundo búscala,
si su estrella se ha perdido, roba otra y dásela.
Yo te ruego que la quieras y la aceptes como es.
Es un rastro, un velero, una lluvia hecha deseo por caer…>


Cuantas veces, mientras oías a Mari Trini, te has imaginado ser el protagonista de sus canciones. En silencio, tomabas una copa y fumabas tranquilo. Cambiabas el género femenino por el masculino y cantabas esas canciones como si hubiesen sido escritas para ti. Cogías los “singles” de 45 revoluciones y los ibas intercambiando en el giradiscos, como cuando pinchabas en los mejores guateques. Alguna vez, te detenías en la carátula de alguno de ellos y leías las letras de canciones que muy pocos ya recordaban: Aute, Rosa León, Olga Manzano, Raphael, Emmanuel… Ni siquiera tú ponías ya esos discos. Eran sólo de otros tiempos.

Al caer la tarde, te regodeabas en tus recuerdos y en tus frustraciones, mientras abrías ese pequeño Disco-Pub de pueblo al que ahora casi nadie venía. En otro tiempo fue un remanso de tolerancia, adornado por cierta oscuridad coloreada de luces y una música suave, que invitaba a las parejas a dejar rienda suelta a sus amores y deseos. Ahora no te importaba que, incluso, los más jóvenes no supieran que tú abrías todas las tardes. Sólo buscabas ese momento del día en que poder estar allí; sólo. Te servía para descansar de tu jornada y, entre copa y copa, te resignabas a tu silencio por no haber podido gritar y vivir con tranquilidad tus pasiones, tus amores.

Sabías que ya había pasado tu tiempo, y que -como otros muchos de tu pueblo y de otros sitios- se había perdido la esperanza de amar con tranquilidad. En público, sin aspavientos y con discreción. Pero, al fin y al cabo, se trataba de amar y de haber sido querido. Eran otros tiempos y otra la forma de vivir, ¿verdad?

Sin embargo, sin decirlo, te sentías reconfortado al observar como tu sobrina, por ejemplo, podía disfrutar de su amor con una mujer y que era conocido por todo su entorno. O cómo los más jóvenes que tú, ya no tenían miedo a reconocer que tenían una forma distinta de amar a lo que hasta ahora -casi como si fuese un dogma- había estado establecido. La melancolía se instalaba en tí cuando paseabas, en tu pensamiento, por tus imágenes. Cuántas veces habías buscado amor a contracorriente. ¿Para qué tanto sufrir y tanto silencio? ¿Porqué Dios me ha hecho así? ¿Porqué no habré sido “normal”? Hoy estaría casado, con mis hijos y tendría una familia…. No estaría sólo… Eran otros tiempos...

Cuántas veces has sentido nostalgia de tener junto a tí, en tu lecho, en tu mesa, en tu casa, a ese otro que te complementara y te quisiera como tú podías querer. Cuántas veces has envidiado a aquellos que fueron valientes y se marcharon a otros países para darse una oportunidad de vivir libres. Cuántas veces te has arrepentido de no continuar pasiones que no estaban tan lejos de tu mundo y que, aunque en silencio, podrías haber intentando vivir. ¡Ya! ¿Cómo ibas a dar ese disgusto a tu madre y a tus familiares más queridos? Siempre lo mejor era dejar pasar las cosas y pensar que lo que te ocurría era un mal pasajero y que algún día serías “normal”. Fueron pasando tus años, tu vida, sin vivirlos. Era demasiado tarde para intentar ser feliz y aceptarte como siempre habías sentido.

¡Y esa enfermedad tan dura por la que habías pasado!. -¡Ah! Son “los nervios”. El pobre padece una depresión y hasta se le ha caído el pelo. Claro que estar al frente de un negocio donde uno tiene que comer y beber y ver un tío con esas calvas en la cabeza…Vete tu a saber donde caen los pelos. Yo por si acaso….- Hasta ese tipo de cosas has aguantado, como siempre, sin rechistar.

Todos los miércoles cogías tu viejo SEAT 127 blanco y te marchabas sin rumbo fijo en busca de Dios sabe qué. Bueno, tú si sabías lo que buscabas y que ibas a un rumbo cierto. Tampoco necesitabas más, ni querías más. Sólo prendías vivir y sentir lo que –suponías- casi todos tienen. Nunca te gustó aparentar y no querías cosas caras para tener que demostrar nada ante los demás. Si todo es más simple de lo que parece. Sólo hay que vivir con lo que se tiene y ser feliz con ello. Pero lo más importante siempre ocupó un segundo lugar.

Ahora te has ido, tan sólo hace 4 días, y me hubiera gustado estar un rato charlando contigo. Recuerdas los buenos ratos de trabajo que hemos invertido en lograr hacer realidad tu hotelito?. Pero tu generosidad para con los demás te llevó a la bancarrota al tener que pagar aquel préstamo que fiaste como aval. Ahora ya no tenías más capacidad de maniobra para financiar tus ilusiones. Cuántos buenos ratos hemos echado en el balcón del bar hablando de política. ¿Y aquella gala benéfica que organizamos, para recaudar fondos que permitieran pagar el tratamiento a la vida de aquella chiquilla enferma de cáncer?. Sin tu ayuda no hubiéramos podido conseguir los casi dos millones -de las antiguas pesetas- que han permitido que Miriam siga viva.

Sin embargo, casi nadie recuerda nada de eso. Te has ido y ni siquiera me he enterado de que te has montado en la barca del olvido. Seguro que tu Dios y tu venerada Virgen María del Carmen te resarcirán con creces por tanto cariño y fe como siempre les profesaste. Y por tu generosidad. Y por tu sacrificio para no dañar a ninguno de los tuyos, ni a nadie.

Puedo asegurarte que muchos te recordaremos siempre y te hemos aceptado, respetado y querido como eras, aunque nunca nos hubieses confiado nada. ¡Que pena me da de todos esos que no saben amar y no respetan la diferencia y la diversidad!. Son tantos los ignorantes, o peor aún, los intransigentes vegetales que, adormecidos, no saben apreciar lo que les rodea. No saben que la vida sólo es hermosa porque todos somos diferentes y en esa diversidad reside el misterio, el aliciente y la expectativa.

Va por tí Pierre y por muchos que como tú habéis vivido condenados al silencio y a la oscuridad. Ya sé que eran otros tiempos… Ahora llega la hora de cambiar… Para que los que vengan no sufran tanto. Yo no tendré miedo a amar ni a decir que amo. Soportaré la soledad y los desamores, pero nunca podrán decir de mí que fui cobarde o que no supe amar. Con naturalidad y discreción viviré lo que el tiempo me guarde o me enseñe. Pero lo viviré.


Qué pena me da del que no ha sabido sufrir ni llorar,
Del que no ha tenido a nadie en quien pensar.
¡Qué pena me da! ¡Qué pena me da!
Del que no ha querido ni ha visto rezar.
Del que nunca ha dado ni nunca dará.
¡Qué pena me da! ¡Qué pena me da!
Del que no se acuerda si ha sabido amar.
Del que ha pretendido quererme engañar.
¡Qué pena me da! ¡Qué pena me da!
Qué pena me da que la vida pase y pase,
como pasan todos los momentos…..

(Bolero, Moncho)
-----------------------------------------------
(Pinturas hiperrealistas de A.A.V.V. en www.artelibre.net)

domingo, 28 de enero de 2007

Una mirada a "LA ALEGORIA"

Como habéis podido leer en el artículo anterior, este cuadro ha recibido muchos títulos a lo largo de la historiografía del Arte. A pesar de ello, parece ser que el más utilizado es el de “Alegoría del Amor”, por el tema principal que se representa en el lienzo. Ni que decir tiene que tantas como títulos, han sido las interpretaciones que de esta historia se han producido y, por tanto, los distintos significados y mensajes que encierra. Ya he avanzado el análisis iconográfico de la obra, lo que nos ha llevado a determinar quienes son los personajes que intervienen en la representación y, ahora nos queda, su interpretación formal e iconológica que nos pondrá sobre la pista del mensaje o sentido final del cuadro.

Para algunos, el cuadro ha resultado ser un enigma, como un jeroglífico de difícil precisión en cuanto al sentido más correcto de su significado. Si abordamos la escena desde el punto de vista estilístico, hay que decir que se trata de una pintura de Mitologías, de estilo manierista. Basta comprobar como está presente la huella Miguel Angel en la tonalidad de los colores, la ligereza de las figuras de Rafael de Sanzio, la similitud de los rostros de angelotes y “puttis” de obras miguelangelescas. Observemos el colorido, la carnosidad, los escorzos, la articulación facial de los personajes, de este cuadro de Bronzino y comparemoslo –entre otros- con el “Tondo Doni” o ”El Entierro de Cristo” de Miguel Angel o alguna "Madonna" y "Sagrada Familia" de Rafael de Sanzio, el pintor de Urbino.


Tondo Doni, Miguel Angel, 1504
----
Por otro lado, hemos de considerar el momento en que se realiza esta pintura y ponerlo en estrecha relación con el pensamiento estético en boga en ese momento: el “neoplatonismo”, que esta presente en toda la concepción de “la Alegoría”. La “natura” de los personajes es una “naturans naturata”. Es decir, la apariencia de los personajes nada tiene que ver con lo que sería el natural real (naturans), sino que se plasma una naturaleza idealizada, que parte y surge de lo real, pero que queda por encima y trasciende lo material porque forma parte del mundo de las ideas (naturans naturata). La escena lleva implícito el concepto de belleza neoplatónico defendido por Rafael de Sanzio y los humanistas italianos. Al artista interesa representar una belleza que -aunque participa de la realidad a través de las múltiples bellezas que se suman- forma parte del mundo de las ideas; esto es, se representa una “belleza ideal” o la “Idea de Belleza”

El tratamiento de la escena, de algún modo, ya preconiza un nuevo concepto o estilo en la representación pictórica: el barroco. Impera el efecto teatral que la escena ofrece al espectador. Importan la escena y el efectismo narrativo de la historia, característica más propia de lo que será, más tarde, “lo barroco” y cuyas bases comienzan a introducirse de forma suave.

Podría decirse que esta pintura es una alegoría de alegorías, a juzgar por la variedad de valores, encarnados en personajes, que nos representa: el amor, el placer, el engaño, el tiempo, la locura, los celos, la tragedia y la comedia. Resulta como si el pintor adoptase la retórica y los recursos del lenguaje para representarnos una pequeña obra de teatro (una vez más nos acerca a “lo barroco” que llega). Moralejas y mensajes pueden extraerse tantos como se quiera, en función de aquel aspecto que más interese al espectador. Todo es mutable por la acción del tiempo y aunque el amor carnal pasa, el amor espiritual, la idea de amor, permanece. Lo mundano, la pasión, cambia con el tiempo pero el concepto, la idea del amor es inmutable. Si analizamos los valores y temas alegóricos que se nos representan, podemos llegar a la conclusión de la vigencia del tema y de la intemporalidad del “amor”, como uno de los aspectos vitales más ansiados por el ser humano en todos los tiempos. En las pasiones siempre hay algo de tragedia -por el sufrimiento- y de comedia –por la felicidad de ser amado-. En las relaciones amorosas uno de los principales ingredientes es el placer, el erotismo, lo sexual; pero uno de los mayores peligros son los celos y el engaño que pueden incluso provocar la locura de quien es objeto o sufre estos males. La “Alegoría del Amor” pintada a mediados del siglo XVI por Agnolo di Cósimo es, pues, intemporal, vigente y puro teatro.

Si los personajes centrales son Venus y Cupido, realmente lo que se nos muestra es un amor incestuoso, una pasión cargada de erotismo, entre madre (Venus) e hijo (Cupido). Cosa que entiendo poco probable que realmente fuese la intención del pintor. Máxime si consideramos el contexto histórico en que se realiza la obra, momento en el que -a pesar de la relajación de las costumbres en el entorno de las cortes florentinas y los estados italianos-, se suceden varias revueltas y tiene lugar un ambiente candente (impulsado desde los púlpitos en defensa de los dogmas de la religión cristiana y en contra de la Reforma de Lutero); propiciando la 3ª convocatoria del Concilio de Trento (1542).

A mi entender, es más probable que Bronzino represente a Cupido y Psique, en un intento de aunar las dos grandes culturas del mundo clásico: Roma y Grecia. Cupido y Venus, son producto de la mitología romana, mientras que Psique es la ninfa inmortal que se enamoró de Eros -dios del amor- según la mitología griega. O bien, pudieran representarse los amores de Eros y Psique, argumentando cierta inocencia en esta pasión al pintar a Eros como un “putti” alado -forma de representar a Cupido- (Aunque una correcta interpretación iconográfica siempre establecerá que ese personaje que besa al personaje femenino central es Cupido).

El viejo Cronos -padre Tiempo- protege al Amor de la oscuridad con un manto de rico azul lapislázuli, a modo de telón, enriqueciendo y otorgando nobleza a la escena. Desde el siglo XIV, el azul lapislázuli era uno de los colores más preciados y caros que podían usarse en la pintura. Procedente de Oriente, el azul junto al oro y el rojo puro, eran pigmentos de gran valor lo que llevó a que, incluso, se estipulasen contratos entre comitentes y artistas de cuál debía ser la calidad (en onzas) y la cantidad a usar en determinados encargos, reservándose el uso del azul a las figuras y zonas más nobles como el manto de la Virgen María.

El hecho de que Agnolo di Cósimo, elija este preciado color, implica el valor que otorga a la Diosa pagana del Amor, para resaltar la belleza del amor en todos los sentidos, colocando a la figura delante de ese telón sobre el que de forma destellante resurge el tono marmóreo de la piel de Venus, como si una cita de la antigüedad se tratase. Una vez más el "concetto" neoplatónico, la idea de belleza, está presente en la concepción espacial e iconográfica de la escena.

Podríamos deducir que el artista pretende constatar como el Tiempo protege a la Belleza de la oscuridad que la eclipsaría, del propio paso del tiempo que de forma irreversible va apagando la luz de la belleza ideal. La belleza neoplatónica solo tiene verdadero sentido a la luz del entendimiento y del conocimiento.

Para finalizar, sólo me resta decirte, que la aproximación que aquí se ha expuesto no es más que una sencilla -y muy personal- interpretación de una obra de arte, tan válida como la que tú puedas obtener al reflexionar sobre la historia que nos narra Bronzino. Lo que pretendo es que mires un cuadro con ojos expectantes y valentía a la ahora de exponer e interpretar lo que el arte te ofrece. Lo que a ti te sugiere, seguro que es tan válido e importante como lo que le pueda sugerir a cualquier entendido en obras de arte. Como te apunté en el artículo anterior, todo es según el cristal con que lo miremos, vale?
--------------------------------------------------------------------------------
Sebastián Bermúdez Hormigo

Bibliografía:

J. Rogelio Buendía, “Las claves del arte manierista”, Editorial Ariel, Barcelona 1986.
Anónimo en http://cv.uoc.es
Erwin Panofsky, “Estudios sobre iconología”, Alianza Universidad, 1985.
M. Baxandall, “Pintura y vida cotidiana en el Renacimiento”, Ed. Gustavo Gili, 1984.


viernes, 19 de enero de 2007

LA ALEGORIA

<< ...Esta polifacética alegoría realizada magistral y sugerentemente por Agnolo di Cósimo, y citada por Vasari como una “extraña belleza”, representa en la zona central a Venus abrazada por Cupido, siendo acompañada a la derecha por el Placer y el Engaño, y a la izquierda por los Celos y otros tormentos del amor. A sus pies dos máscaras, posible alegorización de la Tragedia y la Comedia. En la parte superior el Tiempo descubre teatralmente, abriendo una deslumbrante cortina azul, este jeroglífico para iniciados. Con un léxico hermético, influido por los filósofos neoplatónicos, la Alegoría del Amor es un buen ejemplo del arte literario característico de la "maniera", donde lo bifacial se funde en un contexto alquímico y decorativo…>>
(J. Rogelio Buendía “Las claves del arte manierista”, Editorial Ariel, Barcelona 1986, pags 18-19)


<...Esta pintura ha recibido títulos diversos: "Venus, Cupido, la Locura y el Tiempo", "El Placer y el Juego" o, simplemente, "Alegoría", lo que indica que se desconoce la clave para descifrar su exacto significado. La composición muestra en el centro a Venus, la diosa pagana del amor, desnuda; sostiene con su mano derecha una de las flechas de Cupido y con la izquierda una bola de oro. Su hijo, el joven Cupido alado, la abraza de una forma muy sugestiva y erótica: besándola en la boca abrazándola por el pecho y la cabeza. A la derecha del grupo central encontramos un niño con cara de felicidad que, según los expertos, representa el Placer: es un "putto" que se dispone a tirar un manojo de rosas; esta figura infantil lleva cascabeles en los tobillos y ha pisado un haz de espinas con el pie derecho. Le sigue una extraña joven vestida de verde que deja entrever bajo el vestido un cuerpo en forma de serpiente enroscada que tiene en las manos una bresca y una zarpa de ave de presa. Probablemente simboliza el Engaño, una calidad desagradable -de aspecto encantador, pero detestable bajo la superficie- que suele acompañar al Amor. A la izquierda del grupo central, recortado por el perfil del cuerpo y de la ala de Cupido, aparece un personaje que se arranca los cabellos con las manos, y tiene un rostro crispado por una horrible mueca (¿se trata de un hombre o una bruja rabiosa?). Representa los Celos, esta mezcla de envidia y desesperación que también a menudo acompaña al Amor. Las dos figuras principales se encuentran sobre un fondo compuesto por una tela azul y un cojín de seda roja, detrás del cual aparecen, en la parte superior, dos figuras levantando una cortina que, por lo que parece, escondía la escena. El hombre es el Padre Tiempo, tiene alas y lleva su simbólico reloj de arena. Es el Tiempo, quien advierte sobre las múltiples complicaciones que acechan al tipo de amor lujurioso aquí representado. La mujer de perfil situada delante de él a la izquierda, que por el hieratismo de su rostro parece llevar una máscara similar a las que se encuentran a los pies de Venus, se interpreta como la Verdad; es quien desenmascara la difícil situación de terrores y placeres que, inevitablemente, conllevan los dones de Venus.>
( Anónimo en http://cv.uoc.es)
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
¿Realmente es cierto que este cuadro es un enigma y que como tal no puede llegar a descrifarse? Pues todo dependerá de los ojos con que miremos la escena. Enigmático lo es, sin duda. Pero el espectador, tras un ligero análisis iconográfico -y a través de la intuición, cualidad básica para interpretar una obra de arte, en conexión con la razón del conocimiento y la interpretación iconológica- , puede llegar a descifrar el mensaje, o mensajes que encierra.
----
No existe un conocimiento universal de las cosas, ni una única intepretación válida de la realidad ni de lo que trasciende. La "verdad", por tanto, ni es absoluta ni incuestionable. La mayor parte de las veces hemos de reconocer "criterios de verdad" o "certeza" de las cosas, porque todo se relativiza cuando lo ponemos en contacto con la universalidad y la diversidad de pareceres, individuos y/o percepciones de lo que nos rodea, tantas como seres humanos, espectadores u observadores interpreten lo que tienen cerca de sí.
----
Dicho esto, y con los datos más básicos sobre qué nos representa Bronzino en su "Alegoría del Amor" (titulo bastante generalizado del cuadro), observe el espectador la escena e interprete con los ojos físicos y con los del conocimiento. Más aún, póngase la historia en relación con las vivencias personales y se llegará a un mensaje nítido y a una conclusión clara. En tus manos lo dejo, amigo lector, hasta que llegue la publicación de mi visión e interpretación personal de esta bella pintura manierista.

TRENES DE IDA Y VUELTA (II)

Todo parecía repetirse por segunda vez. Ahora volvía, de nuevo, a su vida la misma sensación, el mismo dolor. Y casi de la misma forma que cuando era más joven. El amor se presentó sin avisar, sin pedir permiso. Poco a poco fue llenando el vacío y derritiendo el hielo con su calor. En silencio…, hasta que dio la cara.

Gare du Luxembourg, H. Ottman, 1903
Pensaba que era mucha casualidad que, algo más de 14 años antes, un tren y el amor le habían cambiado la vida -alejándole de su entorno familiar- y de nuevo sería un tren quien le llevase de vuelta, para alejarlo del desamor. Ya no tenía fuerzas para seguir luchando y no tenía ganas de continuar sufriendo. No quería, pero debía alejarse de la mejor persona que había conocido en su vida. La decisión ya estaba tomada. Lo mejor que podía hacer era volver al lugar de donde nunca debió haber partido.

Era como si el tren simbolizase los viajes de ida y vuelta al amor, mejor dicho: al desamor; el acercarse y alejarse definitivamente de lo que más quería y necesitaba. Sólo que durante estos años que mediaban, su vida había cambiado.

Ahora, por el contrario, este viaje tenía lugar bien avanzado el otoño, en diciembre, con el invierno en ciernes. Ese fue el hecho que le hizo pensar en el simbolismo de las estaciones en relación con sus etapas vitales. Sus 45 años también coincidían con el otoño de su vida, con la madurez tranquila en que se van dejando atrás muchas cosas que, en otros momentos, fueron ricas en color y luz, y que ahora debían secarse y caer como las hojas de los árboles para dar paso a otra etapa.

Sabía que en el otoño del amor las cosas más buenas -ingenuas y llenas de una ilusión casi pueril- ya habían pasado. Sabía que a partir de entonces sería mucho más difícil engendrar y dar a luz un amor intenso que le diese vida e ilusión. Ya no era ese el tiempo. Llegaba el momento de vivir amores tranquilos para quienes lo habían conseguido en la primavera o en el verano de sus vidas. Él no tenía nada de eso, o peor aún, sabía que estaba condenado a no tenerlo nunca por razones que no entendía.

Su pensamiento, marcado por la experiencia vivida, sólo quería encontrar una salida al vacío y al dolor, aunque eso supusiera llegar al estado vegetativo de la ausencia. Ausencia de dolor y de hastío, empero ausencia de amor, de luz, de pasión y –en cierto modo- de vida. Mientras observaba el paisaje, que viajaba aprisa a través de las ventanillas del vagón, estaba reflexionando en que su vida nada tenía que ver con lo que siempre había esperado y deseado, y mucho menos después de haber amado como había y estaba amando. Sólo quería ser alguien normal, si quieres, incluso anodino, sin muchas tormentas interiores ni grandes acontecimientos de contar. Uno más entre los millones de seres que le rodeaban. Pero Esteban sabía que eso era así porque su existencia había sido de todo menos común. No se sentía especial ni distinto a nadie pero arrastraba consigo una serie de vivencias que pocas personas habían tenido, para mayor “INRI” suyo.
Esos días de recomposición de su dolor y su ego, decidió que solo podía hacer una cosa: tratar de vivir el resto de sus días de modo que ya nunca más volviese a sufrir por desear tener a alguien especial a su lado. Deseaba que su corazón se instalase en el invierno, definitivamente.

Turner, 1844

jueves, 18 de enero de 2007

TRENES DE IDA Y VUELTA

Mientras permanecía absorto en sus recuerdos, tratando de encontrar la verdadera razón de su estado de tristeza y desazón, no pudo evitar pensar en el hecho de que su vida había estado marcada por los trenes. Trenes de ida y vuelta, de trayectos largos y cortos, trenes abarrotados de gentes desconocidas y de amigos, trenes antiguos y modernos, cómodos e incómodos…, sólo trenes; vagones que se dejan tirar en cadena por una locomotora que marca el destino del convoy.

Desde pequeño había viajado numerosas veces en ese medio de transporte. Recordaba aquellos tiempos cuando los viajes duraban más de 12 horas para recorrer una distancia de 600 kilómetros, con paradas interminables en estaciones abandonadas en el silencio de la noche; y en un enorme vagón de 2º clase con asientos corridos de escay azul en compartimentos de 8 pasajeros.
Monet 1874
Siempre añoraba el hogar y cuando se acercaba la fecha del retorno -transcurridos algo más de dos meses de haber partido- deseaba con ansiedad que llegara el día de regresar a casa. Agradecía que sólo fueran viajes de ida y vuelta.

Pensaba en la cantidad de pequeñas cosas y detalles que había vivido a lo largo de su vida mientras viajaba en tren, especialmente durante su juventud en los desplazamientos diarios a la Universidad. Se esbozó una sonrisa en su boca con la mirada perdida en el paisaje, al acordarse de los chistes, risas, pasiones y charlas que había compartido con amigos y compañeros de estudio.

Un pensamiento sombrío le constató que un tren casi había marcado su muerte en dos ocasiones distintas: cuando tenía 18 años y hacía poco más de dos años. Pero no tenía la sensación de temor, ni siquiera de dolor o angustia. Quizás hubiera sido mejor haberse marchado en ese momento.

Ya habían pasado más de catorce años desde que vivió una historia similar a la que en esos momentos sentía. Parecía como si el tiempo hubiera retornado a un mismo punto de partida. Tuvo la misma sensación de pérdida y dolor por el abandono de la persona a quien amaba. En ambos momentos, las épocas del año fueron como premoniciones cargadas de un fuerte simbolismo.

La vez anterior, en mayo de 1992, experimentó el dolor del desamor avanzada la primavera, lo que coincidía con su edad real y emocional. Ya estaba muy avanzada la primavera de sus años y se acercaba al verano de sus tiempos. También fue en un tren, donde en la soledad de sus pensamientos, recordaba lo que la quería y necesitaba; sentía que la vida se estaba apagando por el dolor de no poder compartir su amor con ella. Rosario solamente le admiraba, pero no le deseaba. Ese tren le alejaba de su mundo y le acercaba a ella cuando ya no quería estar cerca. Iniciaba una nueva etapa en un entorno conocido pero ajeno y distinto. La costumbre terminaría matando su amor y muchas otras cosas valiosas, incluso la ilusión.

(Continuará……….)

Copyright by Sebastián Bermúdez H.