
<…Ayúdala… Pon un sol en su ventana.
Júrale que, antes que ella,
el placer sólo era una trampa.
Haz que brillen sus mejillas y miéntele cuando le hables.
Ya no tiene 20 años, aunque hablando los parezca.
Sus ojeras maquilladas son azules como el alba.
Y jamás dejes de amarla y en su mundo búscala,
si su estrella se ha perdido, roba otra y dásela.
Yo te ruego que la quieras y la aceptes como es.
Es un rastro, un velero, una lluvia hecha deseo por caer…>
Cuantas veces, mientras oías a Mari Trini, te has imaginado ser el protagonista de sus canciones. En silencio, tomabas una copa y fumabas tranquilo. Cambiabas el género femenino por el masculino y cantabas esas canciones como si hubiesen sido escritas para ti. Cogías los “singles” de 45 revoluciones y los ibas intercambiando en el giradiscos, como cuando pinchabas en los mejores guateques. Alguna vez, te detenías en la carátula de alguno de ellos y leías las letras de canciones que muy pocos ya recordaban: Aute, Rosa León, Olga Manzano, Raphael, Emmanuel… Ni siquiera tú ponías ya esos discos. Eran sólo de otros tiempos.
Al caer la tarde, te regodeabas en tus recuerdos y en tus frustraciones, mientras abrías ese pequeño Disco-Pub de pueblo al que ahora casi nadie venía. En otro tiempo fue un remanso de tolerancia, adornado por cierta oscuridad coloreada de luces y una música suave, que invitaba a las parejas a dejar rienda suelta a sus amores y deseos. Ahora no te importaba que, incluso, los más jóvenes no supieran que tú abrías todas las tardes. Sólo buscabas ese momento del día en que poder estar allí; sólo. Te servía para descansar de tu jornada y, entre copa y copa, te resignabas a tu silencio por no haber podido gritar y vivir con tranquilidad tus pasiones, tus amores.
Sabías que ya había pasado tu tiempo, y que -como otros muchos de tu pueblo y de otros sitios- se había perdido la esperanza de amar con tranquilidad. En público, sin aspavientos y con discreción. Pero, al fin y al cabo, se trataba de amar y de haber sido querido. Eran otros tiempos y otra la forma de vivir, ¿verdad?
Sin embargo, sin decirlo, te sentías reconfortado al observar como tu sobrina, por ejemplo, podía disfrutar d
e su amor con una mujer y que era conocido por todo su entorno. O cómo los más jóvenes que tú, ya no tenían miedo a reconocer que tenían una forma distinta de amar a lo que hasta ahora -casi como si fuese un dogma- había estado establecido. La melancolía se instalaba en tí cuando paseabas, en tu pensamiento, por tus imágenes. Cuántas veces habías buscado amor a contracorriente. ¿Para qué tanto sufrir y tanto silencio? ¿Porqué Dios me ha hecho así? ¿Porqué no habré sido “normal”? Hoy estaría casado, con mis hijos y tendría una familia…. No estaría sólo… Eran otros tiempos...Cuántas veces has sentido nostalgia de tener junto a tí, en tu lecho, en tu mesa, en tu casa, a ese otro que te complementara y te quisiera como tú podías querer. Cuántas veces has envidiado a aquellos que fueron valientes y se marcharon a otros países para darse una oportunidad de vivir libres. Cuántas veces te has arrepentido de no continuar pasiones que no estaban tan lejos de tu mundo y que, aunque en silencio, podrías haber intentando vivir. ¡Ya! ¿Cómo ibas a dar ese disgusto a tu madre y a tus familiares más queridos? Siempre lo mejor era dejar pasar las cosas y pensar que lo que te ocurría era un mal pasajero y que algún día serías “normal”. Fueron pasando tus años, tu vida, sin vivirlos. Era demasiado tarde para intentar ser feliz y aceptarte como siempre habías sentido.
¡Y esa enfermedad tan dura por la que habías pasado!. -¡Ah! Son “los nervios”. El pobre padece una depresión y hasta se le ha caído el pelo. Claro que estar al frente de un negocio donde uno tiene que comer y beber y ver un tío con esas calvas en la cabeza…Vete tu a saber donde caen los pelos. Yo por si acaso….- Hasta ese tipo de cosas has aguantado, como siempre, sin rechistar.
Todos los miércoles cogías tu viejo SEAT 127 blanco y te marchabas sin rumbo fijo en busca de Dios sabe qué. Bueno, tú si sabías lo que buscabas y que ibas a un rumbo cierto. Tampoco necesitabas más, ni querías más. Sólo prendías vivir y sentir lo que –suponías- casi todos tienen. Nunca te gustó aparentar y no querías cosas caras para tener que demostrar nada ante los demás. Si todo es más simple de lo que parece. Sólo hay que vivir con lo que se tiene y ser feliz con ello. Pero lo más importante siempre ocupó un segundo lugar.
Ahora te has ido, tan sólo hace 4 días, y me hubiera gustado estar un rato charlando contigo. Recuerdas los buenos ratos de trabajo que hemos invertido en lograr hacer realidad tu hotelito?. Pero tu generosidad para con los demás te llevó a la bancarrota al tener que pagar aquel préstamo que fiaste como aval. Ahora ya no tenías más capacidad de maniobra para financiar tus ilusiones. Cuántos buenos ratos hemos echado en el balcón del bar hablando de política. ¿Y aquella gala benéfica que organizamos, para recaudar fondos que permitieran pagar el tratamiento a la vida de aquella chiquilla enferma de cáncer?. Sin tu ayuda no hubiéramos podido conseguir los casi dos millones -de las antiguas pesetas- que han permitido que Miriam siga viva.
Sin embargo, casi nadie recuerda nada de eso. Te has ido y ni siquiera me he enterado de que te has montado en la barca del olvido. Seguro que tu Dios y tu venerada Virgen María del Carmen te resarcirán con creces por tanto cariño y fe como siempre les profesaste. Y por tu generosidad. Y por tu sacrificio para no dañar a ninguno de los tuyos, ni a nadie.
Puedo asegurarte que muchos te recordaremos siempre y te hemos aceptado, respetado y querido como eras, aunque nunca nos hubieses confiado nada. ¡Que pena me da de todos esos que no saben amar y no respetan la diferencia y la diversidad!. Son tantos los ignorantes, o peor aún, los intransigentes vegetales que, adormecidos, no saben apreciar lo que les rodea. No saben que la vida sólo es hermosa porque todos somos diferentes y en esa diversidad reside el misterio, el aliciente y la expectativa.
Va por tí Pierre y por muchos que como tú habéis vivido condenados al silencio y a la oscuridad. Ya sé que eran otros tiempos… Ahora llega la hora de cambiar… Para que los que vengan no sufran tanto. Yo no tendré miedo a amar ni a decir que amo. Soportaré la soledad y los desamores, pero nunca podrán decir de mí que fui cobarde o que no supe amar. Con naturalida
d y discreción viviré lo que el tiempo me guarde o me enseñe. Pero lo viviré. Del que no ha tenido a nadie en quien pensar.
¡Qué pena me da! ¡Qué pena me da!
Del que no ha querido ni ha visto rezar.
Del que nunca ha dado ni nunca dará.
¡Qué pena me da! ¡Qué pena me da!
Del que no se acuerda si ha sabido amar.
Del que ha pretendido quererme engañar.
¡Qué pena me da! ¡Qué pena me da!
Qué pena me da que la vida pase y pase,
como pasan todos los momentos…..
(Bolero, Moncho)
-----------------------------------------------
(Pinturas hiperrealistas de A.A.V.V. en www.artelibre.net)




