jueves, 18 de enero de 2007

TRENES DE IDA Y VUELTA

Mientras permanecía absorto en sus recuerdos, tratando de encontrar la verdadera razón de su estado de tristeza y desazón, no pudo evitar pensar en el hecho de que su vida había estado marcada por los trenes. Trenes de ida y vuelta, de trayectos largos y cortos, trenes abarrotados de gentes desconocidas y de amigos, trenes antiguos y modernos, cómodos e incómodos…, sólo trenes; vagones que se dejan tirar en cadena por una locomotora que marca el destino del convoy.

Desde pequeño había viajado numerosas veces en ese medio de transporte. Recordaba aquellos tiempos cuando los viajes duraban más de 12 horas para recorrer una distancia de 600 kilómetros, con paradas interminables en estaciones abandonadas en el silencio de la noche; y en un enorme vagón de 2º clase con asientos corridos de escay azul en compartimentos de 8 pasajeros.
Monet 1874
Siempre añoraba el hogar y cuando se acercaba la fecha del retorno -transcurridos algo más de dos meses de haber partido- deseaba con ansiedad que llegara el día de regresar a casa. Agradecía que sólo fueran viajes de ida y vuelta.

Pensaba en la cantidad de pequeñas cosas y detalles que había vivido a lo largo de su vida mientras viajaba en tren, especialmente durante su juventud en los desplazamientos diarios a la Universidad. Se esbozó una sonrisa en su boca con la mirada perdida en el paisaje, al acordarse de los chistes, risas, pasiones y charlas que había compartido con amigos y compañeros de estudio.

Un pensamiento sombrío le constató que un tren casi había marcado su muerte en dos ocasiones distintas: cuando tenía 18 años y hacía poco más de dos años. Pero no tenía la sensación de temor, ni siquiera de dolor o angustia. Quizás hubiera sido mejor haberse marchado en ese momento.

Ya habían pasado más de catorce años desde que vivió una historia similar a la que en esos momentos sentía. Parecía como si el tiempo hubiera retornado a un mismo punto de partida. Tuvo la misma sensación de pérdida y dolor por el abandono de la persona a quien amaba. En ambos momentos, las épocas del año fueron como premoniciones cargadas de un fuerte simbolismo.

La vez anterior, en mayo de 1992, experimentó el dolor del desamor avanzada la primavera, lo que coincidía con su edad real y emocional. Ya estaba muy avanzada la primavera de sus años y se acercaba al verano de sus tiempos. También fue en un tren, donde en la soledad de sus pensamientos, recordaba lo que la quería y necesitaba; sentía que la vida se estaba apagando por el dolor de no poder compartir su amor con ella. Rosario solamente le admiraba, pero no le deseaba. Ese tren le alejaba de su mundo y le acercaba a ella cuando ya no quería estar cerca. Iniciaba una nueva etapa en un entorno conocido pero ajeno y distinto. La costumbre terminaría matando su amor y muchas otras cosas valiosas, incluso la ilusión.

(Continuará……….)

Copyright by Sebastián Bermúdez H.

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