domingo, 10 de junio de 2007

LA HUELLA DEL SILENCIO

"Las espigadoras" (Millet, 1857)


Se dice que las cosas y las personas más hermosas, pasan por nosotros sin que nos demos cuenta de que ello ocurre. Son pocos los que tienen la sabiduría o intuición suficientes, para percatarse en el momento adecuado de la presencia en sus vidas de personas especiales. Éstas suelen ser gente corriente a la vista de los ajenos a su entorno. Suelen ser humildes, trabajadoras, generosas y con carácter afable pero con fuerte personalidad y aparente seguridad. Sus actitudes y aptitudes dejan una huella particular en el mundo que las vive. Quizás sea cierto aquello de que lo bueno no es tan perceptible como lo malo o lo vulgar.

En ningún momento pretendo poner categorías a las personas que he conocido. Sin embargo, merece la pena hacer una mención y resaltar a aquellos y aquellas que –sin pretenderlo- fueron o son y serán gente “genuina”, única. No todo el mundo tiene la suerte de haber conocido a alguien especial en su vida. Yo soy un afortunado en muchas cosas y una de ellas es haber podido conocer y vivir una persona de las que no pasan inadvertidas y dejan una huella especial.

Hoy solo quiero contar parte de la historia de Juana, una mujer emprendedora y distinta por muchos motivos. Siempre vivió como pensó y sintió. Si tuviera que resaltar algún rasgo de su carácter, diría que fue una mujer luchadora, trabajadora y con una capacidad enorme de amar y “saber estar”. Apenas sabía leer y escribir; su mayor cultura sólo fue el saber vivir y hacer sentir a los que la rodearon lo bueno que hay detrás de casi todo.

Siendo la quinta de siete hermanos, ya desde pequeña sobresalía entre el resto de sus 5 hermanas. No tenía más de 5 años, cuando Sebastián –su padre- la dejaba al cuidado de una piara de cabras pastoreando en el monte. El trabajo duro fue su única educación. Cuando llegaba la hora de vender la cosecha, Sebastián la cogía de su mano y la llevaba consigo a las ferias o molinos, donde pactar el mejor precio que garantizase un buen beneficio para todo el año. Su padre siempre observó en ella una habilidad especial para tratar con las personas y una gran intuición para captar las verdaderas intenciones de sus interlocutores. Siendo una adolescente, Juana era la que aconsejaba a su padre qué decisión tomar, evitando -en algunos casos- incluso que algún personaje sin escrúpulos pretendiese aprovecharse de la necesidad de gente humilde, prometiendo un dinero que nunca pagaría.

Trabajaba en el campo con la misma fortaleza que los varones y todos los que la han conocido recuerdan su poderosa fuerza en los trabajos pesados, sin tener nada que envidiar a ningún hombre. Todo ello sin descuidar ni un ápice su feminidad, porque era una mujer joven y muy atractiva. Sus contemporáneos la recuerdan como temperamental, buena, de andares rápidos y con una fortaleza que parecía no agotarse nunca.

A los 17 años, vino del campo donde vivía a una de las fiestas de su pueblo con el fin de divertirse. Poco sabía de sensaciones y sentimientos aunque era toda una mujer en pleno esplendor. Un joven delgaducho, de orejas despegadas, pero guapetón, ataviado con un pantalón de paño y una camisa blanca, se acercó a Juana invitándola a bailar. Ella, casi de un respingo, rechazó la invitación. Pero al ver en los ojos del joven el semblante de la desilusión, se le removió el corazón y no pudo evitar sentir una sensación extraña en el estómago.

Desde aquel día, en todo momento el rostro de José María se quedó grabado en su mente y en su corazón. Eran tiempos difíciles en los que había que saber elegir muy bien al hombre con el que casarse, o bien lo elegían por ti.

La familia de José era muy humilde, y desde que su abuelo volvió de “hacer las américas”, eran arrieros que daban portes de todo tipo por los que obtenían un salario que apenas alcanzaba para mantener la familia. Juana gozaba de un situación mejor porque su padre estaba encargado de parte de una finca del Duque de la Ahumada y en su casa no faltaba ni comida ni trabajo.

Esa diferencia de status económico creó cierto malestar en la familia cuando tuvieron la noticia de que Juana y José andaban “hablando”. En tales circunstancias, Juana decidió enfrentarse a todos y al “que dirán” tan retrógrado de la época. No había pasado más de un año que se habían conocido, cuando -aprovechando de nuevo unas fiestas populares del pueblo- ambos se fugaron como única salida para vivir su amor.

Las hermanas de Juana la buscaron por todo el pueblo y volvieron desoladas de nuevo al cortijo. No sabían como contar a sus padres lo que había sucedido. Expuesta la noticia, la madre de Juana puso el grito en el cielo; el padre se limitó a decir: “no importa, seguro que vuelve”. Y así fue, volvió a los dos días de haberse fugado y trajo consigo a su hombre; al que siempre amaría. Se casaron, como mandaba la obligación, y tuvieron 6 hijos.

(Continuará)

viernes, 20 de abril de 2007

Durmiendo sólo

Me ha gustado ser parte de tu vida.
Más me habría gustado ser parte de tus noches,
y compartir contigo tus manías.
Me gustaría que me besaras en el …
Me han gustado todos tus detalles.
Hasta he pensado en la forma tonta en que dirías
que como tú no iba a quererme nadie,
por que como yo, nadie te entendería.
Porque aún me tiembla el pulso si te veo.
Y yo sigo aquí durmiendo solo.
Porque aún me duele ese vacío que dejas
en todos mis amaneceres de largas horas.
Del amigo, amor, al amante, amor,
se creció el amor que me consumió.
Y no he querido declarar la guerra a quien nos separaba.

Y te pido aún que me perdones
por fallarte cuando no debía,
por no haber podido estar en fechas señaladas,
por marcharme sin decir nada cuando tanto te amaba.
Frente a frente separados y rotos sin remedio,
te sigo viendo más guapo que hace días.
Mira, yo no quiero equivocarme,
tampoco seguir con mi mentira, mi ilusión, mi fantasía.
Porque aún me tiembla el pulso si te veo.
Y yo sigo aquí durmiendo solo.
Porque aún me duele ese vacío que dejas
en todos mis amaneceres de largas horas.
Del amigo, amor, al amante, amor,
se creció el amor que me consumió.
Y no he querido declarar la guerra a quien nos separaba.

Porque aún me tiembla el pulso si te veo.
Y yo sigo aquí durmiendo solo.
Porque aún me duele ese vacío que dejas
en todos mis amaneceres de largas horas.
Del amigo, amor, al amante, amor,
se creció el amor que me consumió.
Y no he querido declarar la guerra a quien nos separaba.

Estos versos son mi versión arreglada en positivo de una bonita canción de Vanesa Martín. Una voz que he descubierto hace poco, cuyas letras me llegan y me hablan de sensaciones que comparto, incluso me provoca el sentirme protagonista de esos versos. Quizás sea una de las formas de decir “adiós” más hermosas que he oído nunca. Sólo que nunca aprendí ni me enseñaron a hacerlo, y yo ni sé ni quiero decir “adiós” a nada de lo bueno que me sucede, aunque me duela. Cada quién es cada cual y viceversa.

A los que piensan que ando raro últimamente, les diré que tienen razón en esto y en lo que intuyen. No me avergüenza sentir las cosas que siento aunque alternen dicha y dolor por la ausencia. No temo a lo que venga, temo más a lo que no dejamos que venga. No temo a vivir ni a sentir, temo más a dejarme arrastrar y a medrar en la vida.

¿Miedo? Sí, también tengo temor a lo desconocido y al vacío. Sólo que hace tiempo aprendí que ese miedo a lo nuevo no me iba a frenar ni el deseo ni la expectativa de “sentirme vivo”. No me voy a limitar a lamentarme ni a pasearme como un armario de hielo que ni siquiera sabe qué conserva. Ni podré ni querré cambiar determinadas cosas porque prefiero dejar que campee el libre albedrío. Solo así debe llegar lo bueno y lo hermoso a nuestras vidas: con ganas y libre, por voluntad sincera. Puede que me equivoque en mis planteamientos, pero esto es lo que pienso y esto es lo que creo: s
ólo es cuestión de principios. Siempre que la vida llegue fluyendo, con generosidad, sentiré que he vivido.


Amor, que lo que agrada considera
en ajeno poder, su amor declara;
que como la color sale a la cara,
sale a la lengua lo que al alma altera.
No digo más, porque lo más ofendo
desde lo menos, si es que desmerezco
porque del ser dichoso me defiendo.
Esto que entiendo solamente ofrezco;
que lo que no merezco no lo entiendo,
por no dar a entender que lo merezco ».

(El perro del hortelano, Acto I, Lope de Vega)
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(Pinturas del pintor Juan Martínez)

miércoles, 28 de marzo de 2007

Un día gris

"Sueños con palomas" (Orlando Herrera)

El día ha comenzado frío, gris e inexplicablemente silencioso. Lo primero que me he encontrado esta mañana, al comenzar la jornada, ha sido con dos hechos que podría interpretar como un vaticinio aciago. No es que sea supersticioso ni que de crédito a signos ni premoniciones de ningún tipo. Pero no he podido evitar relacionar lo que he visto y el sentimiento que me ha provocado, con pensar que algún significado puede esconder.

En el patio de entrada a mi lugar de trabajo, me he tropezado con una paloma muerta provocándome una sensación de mucha lástima. Se encontraba refugiada bajo unas sillas, como si hubiese estado buscando resguardarse de la noche para mitigar el frío o el dolor que tenía. Cuando la he recogido he tenido la sensación de que no hacía mucho tiempo que había expirado porque aún no estaba del todo rígida ni su tacto era el de la fría muerte. Es como si hubiese estado esperando que alguien llegase a tiempo de socorrerla y darle calor, pero su esperanza no se ha cumplido.

Al comentar el hecho, con una exclamación de desazón y pena, una compañera me ha indicado que posiblemente hubiera otra paloma muerta en uno de los patios interiores. Con la primera en mis manos, me he encaminado a la búsqueda de la otra. Efectivamente había otra paloma muerta, que ayer estaba enferma y que nadie acudió a socorrer. La sensación de extrañeza y de vacío ha sido por partida doble. Las he colocado juntas y envuelto en una indigna bolsa de plástico. Una vez se ha muerto, el cuerpo no importa el destino que tenga. Aunque me han dado ganas de ir donde las he depositado y recogerlas para enterrarlas. He llegado tarde. La limpiadora ya había recogido la bolsa y se la ha llevado para arrojarla a la basura.

Puede parecer una tontería todo esto que cuento, pero se me ha antojado como un suceso extraño que me ha hecho pensar en el simbolismo de esta escena, aunque aún no lo he sabido relacionar. Desde muy antiguo -y así se nos indica en el Antiguo Testamento al narrarnos la historia de Noé- la paloma ha tenido un fuerte significado como símbolo del espíritu bondadoso y la paz. También se la ha interpretado como símbolo de la amistad y del amor generoso de Dios, a través del espíritu.

Ambas criaturas han pasado sus últimos momentos solas, con su dolor y su frío. Ambas estaban en el mismo edificio. Ambas tan cerca y a la vez tan separadas por muros cubiertos. Puede que todo esto tenga algo que ver con hechos que me van a ocurrir y puede que no. Puede que todo sea casualidad y sólo haya sido el motivo de experimentar sensaciones. En cualquier caso siempre habrá quien piense que algo premonizan. Puede que hoy no sea un buen día.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Eclipses de luna (II)

(...) Era tarde ya. Ernesto estaba pensando comenzar a escribir aquella novela que durante toda su vida había tenido balbuciendo en su mente. Sería bastante autobiográfica en cuanto al pensamiento sobre las cosas que él consideraba importantes. Pero quería reescribir su historia de manera que pareciese una vida ajena, inventada. Al terminar de escribir el primer folio se había quedado en blanco porque los recuerdos se acumulaban en su mente como una sucesión de imágenes, tan demasiado rápidas que le confundían.

No era ningún recurso original comenzar por su presente, para narrar algo que ni siquiera sabía el tiempo real vivido que iba a reflejar. Posiblemente aquellos momentos más complejos a la vez que los más ricos. Ahora no podía ni quería continuar. Se levantó del ordenador, encendió un cigarrillo y cogió una copa en la que vertió una buena cantidad de ese vino de la Ribera del Duero, que desde hacía años tomaba a diario. Acomodado en la terraza de su ático -mientras contemplaba el hermoso cielo estrellado-, trataba de ordenar su pensamiento y planificar por donde comenzar a construir ese libro, que en esta ocasión sería de un género totalmente distinto a lo que había venido escribiendo durante los últimos 18 años. En el fondo sabía que iba a ser una empresa un poco difícil y deseaba que no le ocurriera lo mismo de siempre. Innumerables veces había planificado y comenzado a construir esa novela, pero siempre era un proyecto que moría antes de comenzar. Como mucho lograba escribir dos o tres folios, que perdía con el tiempo y que no continuaba nunca.

Su labor como docente en la universidad, le obligaba a investigar y a realizar publicaciones científicas y ensayos, sobre distintos aspectos de las artes plásticas y su presencia en las imágenes literarias. En los últimos meses estaba volcado en un estudio-ensayo sobre la luz como elemento fundamental que define los espacios arquitectónicos y conforma la escena, tanto en pintura como en escultura. Era uno de los temas que más le habían interesado desde que inició su labor docente e investigadora. Ahora se encontraba en una situación que le permitía realizar esta investigación con el rigor que siempre había querido darle a sus trabajos. Disponía del tiempo necesario por gozar de un año sabático en la docencia.

Llevaba trabajando en este tema algo más de tres meses y tenía previsto viajar a Italia para tomar apuntes “in situ” de algunos edificios en la zona del Véneto, de Roma y del sur de la península itálica, para compararlos con la edilicia del barroco español. Le interesaba especialmente la huella y la influencia de Guarino Guarini en el sur de España e Italia, por ser ambas regiones meridionales muy similares en varios aspectos y, de alguna manera, por la presencia de la cultura islámica. Estaba convencido de que el modo de hacer musulmán había impregnado de tal manera la construcción y la vida cotidiana de ambos lugares, que la decoración recargada de los edificios barrocos de estos territorios se debía, en gran medida, a la pervivencia y al efecto de lo islámico. Esta tesis encontraría muchos detractores en el mundo académico; tan rígido y poco dado a admitir nuevas posturas, que supusieran un gran cambio en los principios establecidos. Por ello debía recurrir a la evidencia plástica, interrelacionando ejemplos reales de construcciones de ambas épocas y países.

Lo que realmente perseguía con este trabajo, era llegar a ser nombrado miembro emérito de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, como premio a su labor investigadora de los últimos años. Hacía poco más de dos años había sido postulado para esta mención por la Academia de las Bellas Artes y Letras de Santa Isabel de Hungría en Sevilla, pero la reconocida la labor de un colega suyo -en el ámbito de la arquitectura moderna andaluza- inclinó la balanza de ese lado. No es que este reconocimiento fuese una meta conscientemente propuesta, ni siquiera era algo que considerase de vital importancia en su carrera. Pero sabía que una mención de tal prestigio supondría un mayor reconocimiento de todo lo que había publicado durante su periplo académico y podría permitirle una situación laboral más cómoda, ahora que ya se acercaba el momento de abandonar las aulas porque su jubilación estaba cercana.

Entretenido en estos pensamientos, no se había dado cuenta de que rondaban las tres de la madrugada y que al día siguiente debería acudir a la Facultad para cerrar algunos asuntos pendientes, antes de viajar a Italia. Tomó el resto del vino que tenía en la copa, conectó el sistema automático de riego de las plantas que decoraban la terraza y se retiró a su habitación a dormir.
A la mañana siguiente, siguiendo la costumbre diaria, inició el grato paseo por el centro de la ciudad que le conducía hasta la Facultad. Su casa estaba en pleno casco histórico de Alcalá de Henares en uno de esos edificios emblemáticos que habían sido rehabilitados, dentro del patio y corral del antiguo Colegio de los Irlandeses -del que ya solo quedaba la fachada y una de las pandas del patio central que se usaba como biblioteca pública-. Al profesor Marín le gustaba salir por la Calle Mayor -haciendo un camino más largo que si salía por la calle Escritorios- y pararse a tomar su primer café en la popular y antigua cafetería El Postre, que se encontraba en la esquina con la plaza de Cervantes.

Esa mañana tomó el café con mayor rapidez que otros días porque tenía numerosos asuntos que atender en su despacho. Atravesó la plaza y, por la calle del arquitecto Pedro Gumiel, en pocos minutos accedió a la Universidad Cisneriana -como se la conocía popularmente-, edificio donde se encuentra la Facultad y su despacho. (...)

Sebastián Bermúdez H.

(El profesor Ernesto Marín Cifuentes, se ha empeñado en que cuente su historia. No sé las ganas que tendré, ni siquiera si podré hacerlo. Amigo lector, te apetece saber qué ha sido de este hombre? Pues házmelo saber)

jueves, 8 de marzo de 2007

Eclipses de luna

Esta madrugada del 7 de marzo de 2027, ha tenido lugar un eclipse total de luna, con la magia que los amantes o crédulos del esoterismo otorgan a este acontecimiento astrológico. Hace algo más de 22 años que no se producía este hecho. Aún recuerdo que tuve la oportunidad de ver el anterior eclipse y, desde entonces, no he podido olvidar ni desacostumbrarme de un sentimiento de nostalgia que ha formado parte de mí estos largos cuatro lustros.

Tengo 60 años, un trabajo cómodo y una vida cómoda. Sin altibajos ni sorpresas. Pero me encuentro sólo. Amores y pasiones pasajeras no me han faltado a lo largo de estos años. Por todas ellas siempre pasé de puntillas. Lo cierto es que me encuentro tan vacío y sólo como lo hice siem
pre.

Quizás vivo lo que he querido sentir y disfrutar. Aunque en mis adentros siempre he tenido la sensación de dejarme llevar por las necesidades de los otros y aparcar mis verdaderos deseos y sentimientos. Supongo que mucha gente está hecha de la misma masa que yo. He intentado no herir ni hacer daño a nadie, pero no lo he conseguido. No es que pretendiera ser mejor que nadie, sino más bien por egoísmo propio. Por no tener remordimientos ni pesares de ningún tipo. Seguro que tengo más enemigos de los que me he buscado y seguro que muchos de ellos se deben a la falta de voluntad por aclarar determinadas cosas. Reconozco que nada de eso fue premeditado. Solo fueron circunstancias poco afortunadas en las que me ví envuelto. Posiblemente pude hacer algo para remediar las tensiones o diferencias y no supe verlo. No tengo costumbre de culpar a nadie de lo que ni yo mismo acerté a ver o corregir.

Lo que más me subyuga y aturde es tener constancia de que muchas de las cosas buenas que pude vivir, no las viví por malentendidas cuestiones de orgullo y una pública soberbia, que realmente enmascaraba la ridícula timidez que ha condicionado todos mis actos. Quizás los que me han conocido se han hecho un retrato equivocado de mi forma de ser, pero tampoco les puedo culpar porque ellos han visto sólo lo que yo quise que vieran. Nunca entenderé porqué nos parapetamos detrás de una falsa coraza intentando protegernos de todo, incluso de aquello de lo que no necesitamos protección, sino más bien un empujón. Ese ha sido mi caso, como el de muchas otras personas con las que he compartido, aunque sólo haya sido un mismo espacio físico, sin siquiera conocerlas.

Nos vamos rodeando de cosas y pensamientos que nos provocan cierto bienestar momentáneo, como la droga que calma los escalofríos y calambres. Pero siempre dejamos de lado aquello que más necesitamos o es más importante. Nos suele faltar tiempo para expresar el cariño, la amistad o el amor. Siempre dije que haría lo posible por no cantar aquello de “no quiero arrepentirme yo después, de lo que pudo haber sido y no fue….”, pero no es cierto. Han tenido que pasar más de 20 años para que deba reconocer que sí lo he cantado durante todo este tiempo y que no hice cuanto pude por evitarlo. Muchas veces, en mi silencio, he tarareado estrofas como “quiero dormir cansado para no pensar en ti, quiero dormir profundamente…” o aquello de “porque este terco corazón no te olvida…”. Durante estos años sólo he tenido compañeros sin mucha huella y compañías del momento. No he encontrado la magia que me embriagara y sometiese mi rebeldía. Me he limitado a pasar de puntillas por casi todas las cosas, sin querer hacer ruido y sin querer dejar ningún tipo de huella en nada ni en nadie.

Ni quiero ni pretendo arrepentirme de nada, porque todo lo que viví tuvo su poco o mucho eco y me sirvió para conocer que estaba viviendo. Eso no quiere decir que no me embargue el hastío por haber dejado pasar cosas, que realmente quise que se detuvieran en mí. Tuve grandes oportunidades de ser feliz con una persona tan sencillamente especial que nunca pude conocer a otra que me hiciera olvidar su estigma. No le culpo por haberse marchado. Fui yo quien le dejó ir, aún sabiendo q
ue me entregaba lo mejor y que sólo estaba esperando un gesto, una palabra de verdad de mis labios, para quedarse junto a mí. Reconozco que he sido cobarde y me he merecido tener la vida que he tenido. Pudo ser tan fácil y tan simple ser feliz, que lo desprecié. Preferí quedarme con lo que estaba agotado, que terminó desapareciendo como una pavesa encarnada que se lleva el viento. Pocas veces he vuelto a tener noticias suyas. Sé que se limitó a vivir lo que el tiempo le regaló y también sé que nunca se sintió feliz. Fuimos como dos almas gemelas que se encontraron, se entregaron y casi se destruyeron. Almas que desde entonces han vagado sin rumbo, perdidas y sin remedio.

Me hubiera gustado haber tenido una segunda oportunidad y poder volver en el tiempo. Quisiera reescribir mi historia y evitar cometer algunos errores. La tecnología todavía no ha avanzado lo suficiente como para desintegrarnos en minúsculas partículas que poder transportar en el tiempo, que con fuerza propia puedan recomponerse en otro tiempo y lugar. De ser así, seguramente dejaría que muchas cosas ocurrieran como han ocurrido; pero no habría dejado pasar la única oportunidad que he tenido de intentar compartir de verdad y ser feliz. No sé hasta donde habríamos podido llegar, pero sé que habría merecido la pena intentarlo y dejarnos llevar por el tiempo. Incluso, aunque la tediosa costumbre nos hubiera llevado al abandono y al fin de la historia; siempre conservaría el buen sabor de boca de haber vivido una pasión que pocas personas tienen oportunidad de disfrutar.
(...) To be continued
Sebastián Bermúdez Hormigo

miércoles, 21 de febrero de 2007

Stanza della Signatura, "Escuela de Atenas", Rafael 1511

CARTA DE RAFAEL A BALDASSARE DI CASTIGLIONE (1514)
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"Señor Conde: he hecho dibujos de varias maneras sobre la invención de V.S. y satisfecho a todos, si no todos son aduladores, pero no a satisfacción de mi propio juicio, pues temo no satisfacer el vuestro. Os lo mando para que V.S. elije alguno, si alguno es estimado digno.
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Nuestro Señor, con honrarme, ha puesto un gran peso sobre mis espaldas. Este es el cuidado de la fábrica de San Pedro. Espero no caer bajo él y más cuando el modelo que he hecho a satisfecho a Su Santidad y es elogiado por muchos bellos ingenios. Pero yo me elevo con el pensamiento más arriba. Quisiera encontrar las bellas formas de los edificios antiguos, pero no sé si el vuelo será el de Ícaro. Me da gran luz Vitruvio, pero no tanta que sea suficiente.
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De la Galatea me consideraría gran maestro, si existieran la mitad de las cosas que V.S. me escribe; pero en vuestras palabras reconozco el amor que me dispensa y os digo que, para pintar una bella, me haría falta ver varias bellas, con la condición de que V.S. se encontrara conmigo para hacer la elección de lo mejor. Pero con la carestía de bellos juicios y bellas mujeres, me sirvo de cierta Idea que me viene a la mente. Si ésta tiene en sí alguna excelencia, no lo sé, pero me afano para que la tenga…"

El hecho de que transcriba esta breve carta del gran Rafael Sanzio a su amigo y, a veces, benefactor el Conde de Castiglione, no es otro que el de ilustrar documentalmente cúal era la verdadera preocupación del pintor humanista por la consecución de las “bellas formas”. Se trata de representar y plasmar la “belleza ideal”, como concepto fundamental del pensamiento neoplatónico, que otorga carácter propio a las artes plásticas del renacimiento italiano. Todo el texto nos aporta una información valiosa; no obstante, adrede he remarcado aquellas frases que mejor nos permiten comprender la esencia del neoplatonismo y el pensamiento artístico a comienzos del Cinquecentto.

La carta está escrita justo en el momento en que Julio II le ha encargado que continúe con la decoración mural de las “Stanze” del Palazzo Vaticano -aposentos privados del pontífice-. Tras el éxito del artista en la decoración de la “Stanza Della Signatura” en la que ha pintado al fresco la magnífica “Escuela de Atenas” (1511), entre 1511 y 1514 pintará la "Stanza del Heliodoro". En la decoración de las estancias, la ambientación arquitectónica se convierte en cita de la antigüedad clásica y constituye el marco del espacio idealizado que logra alcanzar -con gran maestría- la tridimensionalidad en el espacio. Las arquitecturas fingidas tienen tanto valor como los personajes ilustres que se representan, y sin éstas la profundidad y la ampliación visual del espacio no tendría efecto.

Por otro lado, es en 1514 cuando realiza el retrato de Baldassare de Castiglione y comenzará una de las facetas menos conocidas del pintor: su labor como arquitecto en la obra de la Basílica de San Pietro, sustituyendo a Bramante. Encargo al que se refiere en el segundo párrafo de la carta. No es de extrañar que sustituya a Bramante, pues es de todos conocida su amistad con el arquitecto y la relación profesional tan estrecha que ambos mantenían. Como también es sabido que Bramante siempre mantuvo relaciones tensas, casi de enemistad, con el genial Miguel Angel , que en esos momentos estaba decorando al fresco la bóveda de la Capilla Sixtina.

Es por ello que Rafael comenta en su carta que está preocupado por los diseños arquitectónicos que está realizando para la obra del mayor edificio de la cristiandad: la enorme basílica que albergará el Trono de Pedro. La preocupación del artista radica en diseñar y representar de forma veraz los estilemas de la arquitectura clásica, que observa diariamente por las ruinas de la Roma Imperial, pero cuyo estado de destrucción le impiden tener una referencia completa de la estética de los edificios. Por ello recurre al gran tratadista de arquitectura Marco Vitruvio Pollión (siglo I d.C.), cuyo tratado “DE ARCHITTETURA”, ha sido la referencia clave de la arquitectura en “il rinascimento” de la antigüedad, sirviendo como libro de cabecera y fuente de inspiración de otros tratadistas italianos de los siglos XV y XVI como Leo Battista Alberti, Pietro Cataneo, Andrea Palladio, Sebastiano Serlio,....

Su huella como arquitecto podemos observarla en la capilla Chigi, en la iglesia romana de Santa María del Popolo, en el desaparecido Palacio Branconio, la iglesia de San Eligio de los Orfebres y la villa Madama, en la falda del monte Mario, que son las obras más importantes que realizó Rafael dentro de la arquitectura, recibiendo todo tipo de honores y llegando a ser nombrado conservador de las antigüedades romanas. El 6 de abril de 1520 falleció Rafael en Roma, a los 37 años, sin poder disfrutar de todos los elogios y parabienes que le esperaban, admirado por su cortesía y generosidad.

En su pintura permite integrar las influencias de los mejores maestros de su tiempo, resultando un estilo personal que ha marcado a numerosas generaciones de artistas. De su etapa florentina conviene destacar un interesante número de retratos en los que introduce la captación psicológica del modelo, elemento que mantendrá constante a lo largo de su producción artística.

En el primer párrafo de la carta hace referencia clara al retrato del Conde de Castiglione que tiene encargado, enviando a Baldassare algunos “disegni” para que su comitente y amigo elija el que se ajuste más al “decoro del arte de la pintura”. El retrato de este famoso humanista italiano nos ha proporcionado una imagen para la posteridad que, de alguna manera, inmortaliza a Baldassare di Castiglione.

Baltasar de Castiglione (1478-1529), escritor italiano, autor de "El Cortesano", describe el ideal de vida del Renacimiento y propugna un modelo de caballero que responde a las inquietudes y a la visión del mundo que se tenía en su tiempo. El caballero perfecto debe ser tan experto en las armas como en las letras, saber conversar y tratar con sus semejantes, especialmente con las damas, y tañer algún instrumento musical.

Lo más significativo del lienzo pintado por Rafael son la serenidad y la seguridad del personaje representado, frente a los espectadores. Es en esa serenidad y en su mirada donde reside la captación de la esencia del personaje como hombre. Rafael representa la personalidad del retratado a través de la mirada, incluso de los ropajes que denotan una determinada posición social, pero le otorga el protagonismo y la seguridad de la sabiduría. Si algo distingue al señor de Castiglione, no es su rango social elevado, sino su individualidad que encarna el sentido del Humanismo, del hombre versado y culto capaz de dirigir su destino y ajeno a otro tipo de pasiones mundanas.
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lunes, 19 de febrero de 2007


(Noviembre 2004)


Yo creía… Tú creíste…
Pensamos ambos y...
ese fue nuestro error.
Hoy sé que tú estás en mí.
Aunque me niegues, sin remedio, estoy en tí.
Cuanto más te olvido, más te recuerdo.
Cuanto más te ignoro, más te adentras.
Cuanto más me aparto, más cerca te siento.
Cuanto más te niego, más evidente te haces.
Cuanto más me obligo en aborrecerte, más te amo.
Cuanto más lejos…
Más cerca estás.
Cuanta más distancia y tiempo, más me dueles.
Ojos inquisitorios, que me miráis de soslayo.
Ojos esquivos que, sin querer, llago.
(Pintura de www.artelibre.net)

miércoles, 31 de enero de 2007

Eran otros tiempos.....




<…Ayúdala… Pon un sol en su ventana.
Júrale que, antes que ella,
el placer sólo era una trampa.
Haz que brillen sus mejillas y miéntele cuando le hables.
Ya no tiene 20 años, aunque hablando los parezca.
Sus ojeras maquilladas son azules como el alba.
Y jamás dejes de amarla y en su mundo búscala,
si su estrella se ha perdido, roba otra y dásela.
Yo te ruego que la quieras y la aceptes como es.
Es un rastro, un velero, una lluvia hecha deseo por caer…>


Cuantas veces, mientras oías a Mari Trini, te has imaginado ser el protagonista de sus canciones. En silencio, tomabas una copa y fumabas tranquilo. Cambiabas el género femenino por el masculino y cantabas esas canciones como si hubiesen sido escritas para ti. Cogías los “singles” de 45 revoluciones y los ibas intercambiando en el giradiscos, como cuando pinchabas en los mejores guateques. Alguna vez, te detenías en la carátula de alguno de ellos y leías las letras de canciones que muy pocos ya recordaban: Aute, Rosa León, Olga Manzano, Raphael, Emmanuel… Ni siquiera tú ponías ya esos discos. Eran sólo de otros tiempos.

Al caer la tarde, te regodeabas en tus recuerdos y en tus frustraciones, mientras abrías ese pequeño Disco-Pub de pueblo al que ahora casi nadie venía. En otro tiempo fue un remanso de tolerancia, adornado por cierta oscuridad coloreada de luces y una música suave, que invitaba a las parejas a dejar rienda suelta a sus amores y deseos. Ahora no te importaba que, incluso, los más jóvenes no supieran que tú abrías todas las tardes. Sólo buscabas ese momento del día en que poder estar allí; sólo. Te servía para descansar de tu jornada y, entre copa y copa, te resignabas a tu silencio por no haber podido gritar y vivir con tranquilidad tus pasiones, tus amores.

Sabías que ya había pasado tu tiempo, y que -como otros muchos de tu pueblo y de otros sitios- se había perdido la esperanza de amar con tranquilidad. En público, sin aspavientos y con discreción. Pero, al fin y al cabo, se trataba de amar y de haber sido querido. Eran otros tiempos y otra la forma de vivir, ¿verdad?

Sin embargo, sin decirlo, te sentías reconfortado al observar como tu sobrina, por ejemplo, podía disfrutar de su amor con una mujer y que era conocido por todo su entorno. O cómo los más jóvenes que tú, ya no tenían miedo a reconocer que tenían una forma distinta de amar a lo que hasta ahora -casi como si fuese un dogma- había estado establecido. La melancolía se instalaba en tí cuando paseabas, en tu pensamiento, por tus imágenes. Cuántas veces habías buscado amor a contracorriente. ¿Para qué tanto sufrir y tanto silencio? ¿Porqué Dios me ha hecho así? ¿Porqué no habré sido “normal”? Hoy estaría casado, con mis hijos y tendría una familia…. No estaría sólo… Eran otros tiempos...

Cuántas veces has sentido nostalgia de tener junto a tí, en tu lecho, en tu mesa, en tu casa, a ese otro que te complementara y te quisiera como tú podías querer. Cuántas veces has envidiado a aquellos que fueron valientes y se marcharon a otros países para darse una oportunidad de vivir libres. Cuántas veces te has arrepentido de no continuar pasiones que no estaban tan lejos de tu mundo y que, aunque en silencio, podrías haber intentando vivir. ¡Ya! ¿Cómo ibas a dar ese disgusto a tu madre y a tus familiares más queridos? Siempre lo mejor era dejar pasar las cosas y pensar que lo que te ocurría era un mal pasajero y que algún día serías “normal”. Fueron pasando tus años, tu vida, sin vivirlos. Era demasiado tarde para intentar ser feliz y aceptarte como siempre habías sentido.

¡Y esa enfermedad tan dura por la que habías pasado!. -¡Ah! Son “los nervios”. El pobre padece una depresión y hasta se le ha caído el pelo. Claro que estar al frente de un negocio donde uno tiene que comer y beber y ver un tío con esas calvas en la cabeza…Vete tu a saber donde caen los pelos. Yo por si acaso….- Hasta ese tipo de cosas has aguantado, como siempre, sin rechistar.

Todos los miércoles cogías tu viejo SEAT 127 blanco y te marchabas sin rumbo fijo en busca de Dios sabe qué. Bueno, tú si sabías lo que buscabas y que ibas a un rumbo cierto. Tampoco necesitabas más, ni querías más. Sólo prendías vivir y sentir lo que –suponías- casi todos tienen. Nunca te gustó aparentar y no querías cosas caras para tener que demostrar nada ante los demás. Si todo es más simple de lo que parece. Sólo hay que vivir con lo que se tiene y ser feliz con ello. Pero lo más importante siempre ocupó un segundo lugar.

Ahora te has ido, tan sólo hace 4 días, y me hubiera gustado estar un rato charlando contigo. Recuerdas los buenos ratos de trabajo que hemos invertido en lograr hacer realidad tu hotelito?. Pero tu generosidad para con los demás te llevó a la bancarrota al tener que pagar aquel préstamo que fiaste como aval. Ahora ya no tenías más capacidad de maniobra para financiar tus ilusiones. Cuántos buenos ratos hemos echado en el balcón del bar hablando de política. ¿Y aquella gala benéfica que organizamos, para recaudar fondos que permitieran pagar el tratamiento a la vida de aquella chiquilla enferma de cáncer?. Sin tu ayuda no hubiéramos podido conseguir los casi dos millones -de las antiguas pesetas- que han permitido que Miriam siga viva.

Sin embargo, casi nadie recuerda nada de eso. Te has ido y ni siquiera me he enterado de que te has montado en la barca del olvido. Seguro que tu Dios y tu venerada Virgen María del Carmen te resarcirán con creces por tanto cariño y fe como siempre les profesaste. Y por tu generosidad. Y por tu sacrificio para no dañar a ninguno de los tuyos, ni a nadie.

Puedo asegurarte que muchos te recordaremos siempre y te hemos aceptado, respetado y querido como eras, aunque nunca nos hubieses confiado nada. ¡Que pena me da de todos esos que no saben amar y no respetan la diferencia y la diversidad!. Son tantos los ignorantes, o peor aún, los intransigentes vegetales que, adormecidos, no saben apreciar lo que les rodea. No saben que la vida sólo es hermosa porque todos somos diferentes y en esa diversidad reside el misterio, el aliciente y la expectativa.

Va por tí Pierre y por muchos que como tú habéis vivido condenados al silencio y a la oscuridad. Ya sé que eran otros tiempos… Ahora llega la hora de cambiar… Para que los que vengan no sufran tanto. Yo no tendré miedo a amar ni a decir que amo. Soportaré la soledad y los desamores, pero nunca podrán decir de mí que fui cobarde o que no supe amar. Con naturalidad y discreción viviré lo que el tiempo me guarde o me enseñe. Pero lo viviré.


Qué pena me da del que no ha sabido sufrir ni llorar,
Del que no ha tenido a nadie en quien pensar.
¡Qué pena me da! ¡Qué pena me da!
Del que no ha querido ni ha visto rezar.
Del que nunca ha dado ni nunca dará.
¡Qué pena me da! ¡Qué pena me da!
Del que no se acuerda si ha sabido amar.
Del que ha pretendido quererme engañar.
¡Qué pena me da! ¡Qué pena me da!
Qué pena me da que la vida pase y pase,
como pasan todos los momentos…..

(Bolero, Moncho)
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(Pinturas hiperrealistas de A.A.V.V. en www.artelibre.net)

domingo, 28 de enero de 2007

Una mirada a "LA ALEGORIA"

Como habéis podido leer en el artículo anterior, este cuadro ha recibido muchos títulos a lo largo de la historiografía del Arte. A pesar de ello, parece ser que el más utilizado es el de “Alegoría del Amor”, por el tema principal que se representa en el lienzo. Ni que decir tiene que tantas como títulos, han sido las interpretaciones que de esta historia se han producido y, por tanto, los distintos significados y mensajes que encierra. Ya he avanzado el análisis iconográfico de la obra, lo que nos ha llevado a determinar quienes son los personajes que intervienen en la representación y, ahora nos queda, su interpretación formal e iconológica que nos pondrá sobre la pista del mensaje o sentido final del cuadro.

Para algunos, el cuadro ha resultado ser un enigma, como un jeroglífico de difícil precisión en cuanto al sentido más correcto de su significado. Si abordamos la escena desde el punto de vista estilístico, hay que decir que se trata de una pintura de Mitologías, de estilo manierista. Basta comprobar como está presente la huella Miguel Angel en la tonalidad de los colores, la ligereza de las figuras de Rafael de Sanzio, la similitud de los rostros de angelotes y “puttis” de obras miguelangelescas. Observemos el colorido, la carnosidad, los escorzos, la articulación facial de los personajes, de este cuadro de Bronzino y comparemoslo –entre otros- con el “Tondo Doni” o ”El Entierro de Cristo” de Miguel Angel o alguna "Madonna" y "Sagrada Familia" de Rafael de Sanzio, el pintor de Urbino.


Tondo Doni, Miguel Angel, 1504
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Por otro lado, hemos de considerar el momento en que se realiza esta pintura y ponerlo en estrecha relación con el pensamiento estético en boga en ese momento: el “neoplatonismo”, que esta presente en toda la concepción de “la Alegoría”. La “natura” de los personajes es una “naturans naturata”. Es decir, la apariencia de los personajes nada tiene que ver con lo que sería el natural real (naturans), sino que se plasma una naturaleza idealizada, que parte y surge de lo real, pero que queda por encima y trasciende lo material porque forma parte del mundo de las ideas (naturans naturata). La escena lleva implícito el concepto de belleza neoplatónico defendido por Rafael de Sanzio y los humanistas italianos. Al artista interesa representar una belleza que -aunque participa de la realidad a través de las múltiples bellezas que se suman- forma parte del mundo de las ideas; esto es, se representa una “belleza ideal” o la “Idea de Belleza”

El tratamiento de la escena, de algún modo, ya preconiza un nuevo concepto o estilo en la representación pictórica: el barroco. Impera el efecto teatral que la escena ofrece al espectador. Importan la escena y el efectismo narrativo de la historia, característica más propia de lo que será, más tarde, “lo barroco” y cuyas bases comienzan a introducirse de forma suave.

Podría decirse que esta pintura es una alegoría de alegorías, a juzgar por la variedad de valores, encarnados en personajes, que nos representa: el amor, el placer, el engaño, el tiempo, la locura, los celos, la tragedia y la comedia. Resulta como si el pintor adoptase la retórica y los recursos del lenguaje para representarnos una pequeña obra de teatro (una vez más nos acerca a “lo barroco” que llega). Moralejas y mensajes pueden extraerse tantos como se quiera, en función de aquel aspecto que más interese al espectador. Todo es mutable por la acción del tiempo y aunque el amor carnal pasa, el amor espiritual, la idea de amor, permanece. Lo mundano, la pasión, cambia con el tiempo pero el concepto, la idea del amor es inmutable. Si analizamos los valores y temas alegóricos que se nos representan, podemos llegar a la conclusión de la vigencia del tema y de la intemporalidad del “amor”, como uno de los aspectos vitales más ansiados por el ser humano en todos los tiempos. En las pasiones siempre hay algo de tragedia -por el sufrimiento- y de comedia –por la felicidad de ser amado-. En las relaciones amorosas uno de los principales ingredientes es el placer, el erotismo, lo sexual; pero uno de los mayores peligros son los celos y el engaño que pueden incluso provocar la locura de quien es objeto o sufre estos males. La “Alegoría del Amor” pintada a mediados del siglo XVI por Agnolo di Cósimo es, pues, intemporal, vigente y puro teatro.

Si los personajes centrales son Venus y Cupido, realmente lo que se nos muestra es un amor incestuoso, una pasión cargada de erotismo, entre madre (Venus) e hijo (Cupido). Cosa que entiendo poco probable que realmente fuese la intención del pintor. Máxime si consideramos el contexto histórico en que se realiza la obra, momento en el que -a pesar de la relajación de las costumbres en el entorno de las cortes florentinas y los estados italianos-, se suceden varias revueltas y tiene lugar un ambiente candente (impulsado desde los púlpitos en defensa de los dogmas de la religión cristiana y en contra de la Reforma de Lutero); propiciando la 3ª convocatoria del Concilio de Trento (1542).

A mi entender, es más probable que Bronzino represente a Cupido y Psique, en un intento de aunar las dos grandes culturas del mundo clásico: Roma y Grecia. Cupido y Venus, son producto de la mitología romana, mientras que Psique es la ninfa inmortal que se enamoró de Eros -dios del amor- según la mitología griega. O bien, pudieran representarse los amores de Eros y Psique, argumentando cierta inocencia en esta pasión al pintar a Eros como un “putti” alado -forma de representar a Cupido- (Aunque una correcta interpretación iconográfica siempre establecerá que ese personaje que besa al personaje femenino central es Cupido).

El viejo Cronos -padre Tiempo- protege al Amor de la oscuridad con un manto de rico azul lapislázuli, a modo de telón, enriqueciendo y otorgando nobleza a la escena. Desde el siglo XIV, el azul lapislázuli era uno de los colores más preciados y caros que podían usarse en la pintura. Procedente de Oriente, el azul junto al oro y el rojo puro, eran pigmentos de gran valor lo que llevó a que, incluso, se estipulasen contratos entre comitentes y artistas de cuál debía ser la calidad (en onzas) y la cantidad a usar en determinados encargos, reservándose el uso del azul a las figuras y zonas más nobles como el manto de la Virgen María.

El hecho de que Agnolo di Cósimo, elija este preciado color, implica el valor que otorga a la Diosa pagana del Amor, para resaltar la belleza del amor en todos los sentidos, colocando a la figura delante de ese telón sobre el que de forma destellante resurge el tono marmóreo de la piel de Venus, como si una cita de la antigüedad se tratase. Una vez más el "concetto" neoplatónico, la idea de belleza, está presente en la concepción espacial e iconográfica de la escena.

Podríamos deducir que el artista pretende constatar como el Tiempo protege a la Belleza de la oscuridad que la eclipsaría, del propio paso del tiempo que de forma irreversible va apagando la luz de la belleza ideal. La belleza neoplatónica solo tiene verdadero sentido a la luz del entendimiento y del conocimiento.

Para finalizar, sólo me resta decirte, que la aproximación que aquí se ha expuesto no es más que una sencilla -y muy personal- interpretación de una obra de arte, tan válida como la que tú puedas obtener al reflexionar sobre la historia que nos narra Bronzino. Lo que pretendo es que mires un cuadro con ojos expectantes y valentía a la ahora de exponer e interpretar lo que el arte te ofrece. Lo que a ti te sugiere, seguro que es tan válido e importante como lo que le pueda sugerir a cualquier entendido en obras de arte. Como te apunté en el artículo anterior, todo es según el cristal con que lo miremos, vale?
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Sebastián Bermúdez Hormigo

Bibliografía:

J. Rogelio Buendía, “Las claves del arte manierista”, Editorial Ariel, Barcelona 1986.
Anónimo en http://cv.uoc.es
Erwin Panofsky, “Estudios sobre iconología”, Alianza Universidad, 1985.
M. Baxandall, “Pintura y vida cotidiana en el Renacimiento”, Ed. Gustavo Gili, 1984.


viernes, 19 de enero de 2007

LA ALEGORIA

<< ...Esta polifacética alegoría realizada magistral y sugerentemente por Agnolo di Cósimo, y citada por Vasari como una “extraña belleza”, representa en la zona central a Venus abrazada por Cupido, siendo acompañada a la derecha por el Placer y el Engaño, y a la izquierda por los Celos y otros tormentos del amor. A sus pies dos máscaras, posible alegorización de la Tragedia y la Comedia. En la parte superior el Tiempo descubre teatralmente, abriendo una deslumbrante cortina azul, este jeroglífico para iniciados. Con un léxico hermético, influido por los filósofos neoplatónicos, la Alegoría del Amor es un buen ejemplo del arte literario característico de la "maniera", donde lo bifacial se funde en un contexto alquímico y decorativo…>>
(J. Rogelio Buendía “Las claves del arte manierista”, Editorial Ariel, Barcelona 1986, pags 18-19)


<...Esta pintura ha recibido títulos diversos: "Venus, Cupido, la Locura y el Tiempo", "El Placer y el Juego" o, simplemente, "Alegoría", lo que indica que se desconoce la clave para descifrar su exacto significado. La composición muestra en el centro a Venus, la diosa pagana del amor, desnuda; sostiene con su mano derecha una de las flechas de Cupido y con la izquierda una bola de oro. Su hijo, el joven Cupido alado, la abraza de una forma muy sugestiva y erótica: besándola en la boca abrazándola por el pecho y la cabeza. A la derecha del grupo central encontramos un niño con cara de felicidad que, según los expertos, representa el Placer: es un "putto" que se dispone a tirar un manojo de rosas; esta figura infantil lleva cascabeles en los tobillos y ha pisado un haz de espinas con el pie derecho. Le sigue una extraña joven vestida de verde que deja entrever bajo el vestido un cuerpo en forma de serpiente enroscada que tiene en las manos una bresca y una zarpa de ave de presa. Probablemente simboliza el Engaño, una calidad desagradable -de aspecto encantador, pero detestable bajo la superficie- que suele acompañar al Amor. A la izquierda del grupo central, recortado por el perfil del cuerpo y de la ala de Cupido, aparece un personaje que se arranca los cabellos con las manos, y tiene un rostro crispado por una horrible mueca (¿se trata de un hombre o una bruja rabiosa?). Representa los Celos, esta mezcla de envidia y desesperación que también a menudo acompaña al Amor. Las dos figuras principales se encuentran sobre un fondo compuesto por una tela azul y un cojín de seda roja, detrás del cual aparecen, en la parte superior, dos figuras levantando una cortina que, por lo que parece, escondía la escena. El hombre es el Padre Tiempo, tiene alas y lleva su simbólico reloj de arena. Es el Tiempo, quien advierte sobre las múltiples complicaciones que acechan al tipo de amor lujurioso aquí representado. La mujer de perfil situada delante de él a la izquierda, que por el hieratismo de su rostro parece llevar una máscara similar a las que se encuentran a los pies de Venus, se interpreta como la Verdad; es quien desenmascara la difícil situación de terrores y placeres que, inevitablemente, conllevan los dones de Venus.>
( Anónimo en http://cv.uoc.es)
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¿Realmente es cierto que este cuadro es un enigma y que como tal no puede llegar a descrifarse? Pues todo dependerá de los ojos con que miremos la escena. Enigmático lo es, sin duda. Pero el espectador, tras un ligero análisis iconográfico -y a través de la intuición, cualidad básica para interpretar una obra de arte, en conexión con la razón del conocimiento y la interpretación iconológica- , puede llegar a descifrar el mensaje, o mensajes que encierra.
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No existe un conocimiento universal de las cosas, ni una única intepretación válida de la realidad ni de lo que trasciende. La "verdad", por tanto, ni es absoluta ni incuestionable. La mayor parte de las veces hemos de reconocer "criterios de verdad" o "certeza" de las cosas, porque todo se relativiza cuando lo ponemos en contacto con la universalidad y la diversidad de pareceres, individuos y/o percepciones de lo que nos rodea, tantas como seres humanos, espectadores u observadores interpreten lo que tienen cerca de sí.
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Dicho esto, y con los datos más básicos sobre qué nos representa Bronzino en su "Alegoría del Amor" (titulo bastante generalizado del cuadro), observe el espectador la escena e interprete con los ojos físicos y con los del conocimiento. Más aún, póngase la historia en relación con las vivencias personales y se llegará a un mensaje nítido y a una conclusión clara. En tus manos lo dejo, amigo lector, hasta que llegue la publicación de mi visión e interpretación personal de esta bella pintura manierista.

TRENES DE IDA Y VUELTA (II)

Todo parecía repetirse por segunda vez. Ahora volvía, de nuevo, a su vida la misma sensación, el mismo dolor. Y casi de la misma forma que cuando era más joven. El amor se presentó sin avisar, sin pedir permiso. Poco a poco fue llenando el vacío y derritiendo el hielo con su calor. En silencio…, hasta que dio la cara.

Gare du Luxembourg, H. Ottman, 1903
Pensaba que era mucha casualidad que, algo más de 14 años antes, un tren y el amor le habían cambiado la vida -alejándole de su entorno familiar- y de nuevo sería un tren quien le llevase de vuelta, para alejarlo del desamor. Ya no tenía fuerzas para seguir luchando y no tenía ganas de continuar sufriendo. No quería, pero debía alejarse de la mejor persona que había conocido en su vida. La decisión ya estaba tomada. Lo mejor que podía hacer era volver al lugar de donde nunca debió haber partido.

Era como si el tren simbolizase los viajes de ida y vuelta al amor, mejor dicho: al desamor; el acercarse y alejarse definitivamente de lo que más quería y necesitaba. Sólo que durante estos años que mediaban, su vida había cambiado.

Ahora, por el contrario, este viaje tenía lugar bien avanzado el otoño, en diciembre, con el invierno en ciernes. Ese fue el hecho que le hizo pensar en el simbolismo de las estaciones en relación con sus etapas vitales. Sus 45 años también coincidían con el otoño de su vida, con la madurez tranquila en que se van dejando atrás muchas cosas que, en otros momentos, fueron ricas en color y luz, y que ahora debían secarse y caer como las hojas de los árboles para dar paso a otra etapa.

Sabía que en el otoño del amor las cosas más buenas -ingenuas y llenas de una ilusión casi pueril- ya habían pasado. Sabía que a partir de entonces sería mucho más difícil engendrar y dar a luz un amor intenso que le diese vida e ilusión. Ya no era ese el tiempo. Llegaba el momento de vivir amores tranquilos para quienes lo habían conseguido en la primavera o en el verano de sus vidas. Él no tenía nada de eso, o peor aún, sabía que estaba condenado a no tenerlo nunca por razones que no entendía.

Su pensamiento, marcado por la experiencia vivida, sólo quería encontrar una salida al vacío y al dolor, aunque eso supusiera llegar al estado vegetativo de la ausencia. Ausencia de dolor y de hastío, empero ausencia de amor, de luz, de pasión y –en cierto modo- de vida. Mientras observaba el paisaje, que viajaba aprisa a través de las ventanillas del vagón, estaba reflexionando en que su vida nada tenía que ver con lo que siempre había esperado y deseado, y mucho menos después de haber amado como había y estaba amando. Sólo quería ser alguien normal, si quieres, incluso anodino, sin muchas tormentas interiores ni grandes acontecimientos de contar. Uno más entre los millones de seres que le rodeaban. Pero Esteban sabía que eso era así porque su existencia había sido de todo menos común. No se sentía especial ni distinto a nadie pero arrastraba consigo una serie de vivencias que pocas personas habían tenido, para mayor “INRI” suyo.
Esos días de recomposición de su dolor y su ego, decidió que solo podía hacer una cosa: tratar de vivir el resto de sus días de modo que ya nunca más volviese a sufrir por desear tener a alguien especial a su lado. Deseaba que su corazón se instalase en el invierno, definitivamente.

Turner, 1844

jueves, 18 de enero de 2007

TRENES DE IDA Y VUELTA

Mientras permanecía absorto en sus recuerdos, tratando de encontrar la verdadera razón de su estado de tristeza y desazón, no pudo evitar pensar en el hecho de que su vida había estado marcada por los trenes. Trenes de ida y vuelta, de trayectos largos y cortos, trenes abarrotados de gentes desconocidas y de amigos, trenes antiguos y modernos, cómodos e incómodos…, sólo trenes; vagones que se dejan tirar en cadena por una locomotora que marca el destino del convoy.

Desde pequeño había viajado numerosas veces en ese medio de transporte. Recordaba aquellos tiempos cuando los viajes duraban más de 12 horas para recorrer una distancia de 600 kilómetros, con paradas interminables en estaciones abandonadas en el silencio de la noche; y en un enorme vagón de 2º clase con asientos corridos de escay azul en compartimentos de 8 pasajeros.
Monet 1874
Siempre añoraba el hogar y cuando se acercaba la fecha del retorno -transcurridos algo más de dos meses de haber partido- deseaba con ansiedad que llegara el día de regresar a casa. Agradecía que sólo fueran viajes de ida y vuelta.

Pensaba en la cantidad de pequeñas cosas y detalles que había vivido a lo largo de su vida mientras viajaba en tren, especialmente durante su juventud en los desplazamientos diarios a la Universidad. Se esbozó una sonrisa en su boca con la mirada perdida en el paisaje, al acordarse de los chistes, risas, pasiones y charlas que había compartido con amigos y compañeros de estudio.

Un pensamiento sombrío le constató que un tren casi había marcado su muerte en dos ocasiones distintas: cuando tenía 18 años y hacía poco más de dos años. Pero no tenía la sensación de temor, ni siquiera de dolor o angustia. Quizás hubiera sido mejor haberse marchado en ese momento.

Ya habían pasado más de catorce años desde que vivió una historia similar a la que en esos momentos sentía. Parecía como si el tiempo hubiera retornado a un mismo punto de partida. Tuvo la misma sensación de pérdida y dolor por el abandono de la persona a quien amaba. En ambos momentos, las épocas del año fueron como premoniciones cargadas de un fuerte simbolismo.

La vez anterior, en mayo de 1992, experimentó el dolor del desamor avanzada la primavera, lo que coincidía con su edad real y emocional. Ya estaba muy avanzada la primavera de sus años y se acercaba al verano de sus tiempos. También fue en un tren, donde en la soledad de sus pensamientos, recordaba lo que la quería y necesitaba; sentía que la vida se estaba apagando por el dolor de no poder compartir su amor con ella. Rosario solamente le admiraba, pero no le deseaba. Ese tren le alejaba de su mundo y le acercaba a ella cuando ya no quería estar cerca. Iniciaba una nueva etapa en un entorno conocido pero ajeno y distinto. La costumbre terminaría matando su amor y muchas otras cosas valiosas, incluso la ilusión.

(Continuará……….)

Copyright by Sebastián Bermúdez H.